domingo, 20 de septiembre de 2009

Casandro y los Espíritus Chocarreros de las Caobas

La felicidad, le estaba enseñando que en realidad no era feliz, porque si la china no estaba con él, no valía de nada estar vivo.

Los sábados ya no eran de tragos para compartir, eran de tragos para olvidar que su vida era un infierno que lo quemaba lento pero constante, como puerco en puya. Sabia lo que era correcto para ser feliz, pero no se atrevía a dar ese paso por miedo quizás. Por miedo a que Dulce lo rechazara, prefería soñar con la ilusión a vivir la realidad. Ella en realidad tampoco le buscaba el lado últimamente.

Entre tanta desesperación, Casandro acudió a un poco usual recurso, la bruja del barrio, la vieja Maruja, para que le leyera el futuro y ver cuales eran las posibilidades. Esta famosa señora era miembro activa y de las fundadoras del Club de Magia Negra y Brujería de Las Caobas-Emgombe y ex chofer de guagua de la ruta Km13 Duarte – Pintura.

Siéntate, le dijo Maruja a Casandro, ya te estaba esperando. Casandro pensó que eso seguro se lo decía a todos los clientes. Ella le dijo que desde hacia un tiempo, estaba sintiendo unas malas vibraciones en el sector, que todo apuntaba al gerente de la exitosa ferretería, que en los últimos tiempos se había ido al oscuro abismo negro. La bruja le pidió a Casandro un botón de su camisa, un mechón de su cabello y una foto de algún ser querido que tuviera en su cartera. Casandro le dio la de su madre.

Luego de un impresionante show de exhibicionismo de tabaco, fuego y palabras raras que salían de la boca de la bruja, ella le contó a Casandro sobre su vida con la única mujer que debía pertenecer a su corazón, Jhonaica. Casandro abrió los ojos sorprendido. Maruja describió a Jhonaica como un ángel blanco y bondadoso que él no supo tratar. Buscó una sucia taza de té, le dio una vuelta encima de la mesa y miró fijamente el fondo por unos segundos. Maruja le dijo a Casandro que si de verdad quería encontrar paz y felicidad, debía buscarla, pedirle perdón, comprarle flores, bombones, joyas, llevarla al restaurant más caro de la ciudad y pedirle amores, dejando atrás todas las otras mujeres que pudiera tener y manteniéndose fiel toda la vida.

Maruja seguía diciéndole, -si no estas dispuesto a esto, te cuidado con lo que pueda tener para ti el futuro, de seguro no te gustará, ella es tu felicidad y si no es por las buenas, el mal te guiará a ella-.

Maruja solo se centró en la relación de Casandro con Jhonaica, cuando él le hablaba de otras mujeres, como la china Dulce, la bruja caía otra vez en la pulidora de River Side, algo que lo tenía chivo. Luego de una hora de sesión con Maruja, Casandro decidió irse, dándole las gracias a la bruja, pero le dijo que no pondrá en practica su consejo, ya que Jhonaica era un camino por el cual no quería volver a pasar. Maruja le dijo que se iba a arrepentir de su decisión y que los espíritus chocarreros no lo iba dejar en paz hasta que no volviera con Jhonaica.

Casandro llegó a su casa, donde lo esperaba su madre, diciéndole toda clase de malas palabras, por ir a visitar a Maruja, la mujer que le robó dos novios cuando eran jóvenes. Todo el barrio sabía cuando alguien iba a visitar a la vieja. En ese instante, se oyó algo en el patio, un sonido de latas cayendo en el suelo, como si la hubiera tirado el vecino, a lo que Casandro y su madre acudieron a ver. El patio estaba lleno de plumas blancas de gallina y una nota que decía “Recuerda el consejo de Maruja, te estaremos asechando, atentamente los Espíritus Chocarreros”.

Casandro se puso frío y exclamó ¡Es verdad, Maruja tenía razón!. Su madre agarró la nota y la rompió, acto seguido de más boches y reproches. Le dijo que la bruja no era más que una estafadora y que sea la última vez que el fuera por ahí. Le dio una escoba a Casandro y le dijo que recogiera todo el reguero que por su culpa ahora tenían en el patio. Casandro que sintió miedo, terminó de recoger y limpiar y se fue de su casa al centro de Internet del barrio. Buscó toda la información concerniente a los espíritus chocarreros, pero lo único que pudo encontrar que le llamara la atención fue un capitulo del Chavo del 8 en youtube donde supuestamente aparecían los espíritus chocarreros.

El encargado del centro de Internet, al ver las búsquedas de Casandro, le invitó un refresco y le dijo que el podía ayudarlo con el tema de su búsqueda. Le contó la historia de Armando el herrero del barrio, quien tuvo un romance muy breve pero turbio con una mexicana, a la cual casi estranguló cuando la encontró con otro hombre, pero que fue salvada por unos espíritus chocarreros importados desde Tijuana que la cuidaban de todo mal. El encargado le dijo que los espíritus nunca abandonaron el barrio cuando la mexicana se fue y que rondan por la casa de la bruja Maruja con la cual tienen un trato. A Casandro se le puso la piel de gallina, pero no le contó nada al encargado de lo que le había sucedido. Casandro se fue a su casa a meditar sobre lo que debía hacer, tenía muy claro dos cosas, no quería tener mas visitas de los espíritus chocarreros, pero tampoco quería a Jhonaica cerca de su vida.

El siguiente día iba a ser un poco extraño. A primera hora, Casandro recibió una agradable llamada, era de El Yofre, que le dijo que lo habían soltado gracias a los contactos de Tomás Nicolás y que iba directo para el barrio. Pero la felicidad a Casandro le duró poco. Cuando se acercaba a la ferretería, vió una multitud que estaba frente a ella, pero recordó que era martes de brochas y pintura, una promoción inventada por él para motivar las ventas. El problema es que nunca iba tanta gente, muchos menos tan temprano. Cuando pudo llegar al frente, vió en la fachada un mensaje bien grande que decía “Los espíritus chocarreros estuvieron aquí, te estamos observando Casandro”, hecho con pintura roja. Casandro otra vez se puso frío, ya sus problemas eran de conocimiento del barrio. Ahora el pánico también se apoderaba de sus empleados y de los vecinos del local.

A las 12:30 pm, cuando Casandro salía a almorzar, sonó su celular, número desconocido decía el identificador de llamada. Cuando este lo tomó, una voz de ultratumba le dijo –Llama a Jhonaica, te estamos observando mis hermanos chocarreros y yo- seguido de una risa malévola. Casandro no fue a comer, salió directo para donde Maruja, pero su madre que lo vigilaba constantemente, lo detuvo una esquina antes de llegar donde la bruja. Su madre le dijo que todo era un montaje de Maruja y que estaban jugando con su mente. Casandro, como buen hijo, le hizo caso y juntos fueron a comer pica-pollo.

Su madre, siempre buena consejera y preocupada por su único hijo, le dijo que llamara a la china, que era en realidad la persona que iba a traerle alivio a su corazón y era la única que podía mudarlos a los dos a un sector más decente.

Casandro no dudó ni un segundo del consejo de su madre, cuando llegó a la ferretería se encontró con su hermano El Yofre a quien abrazó y con quien se fue a la oficina a celebrar el regreso del patrón. El Yofre, le dijo que volvía a recuperar lo que había perdido y que lo iba a nombrar como asistente del gerente, algo que no le cayó muy bien a Casandro.

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