Casandro mandó a su encargado de seguridad a sacar de la ferretería a Jhonaica, pero ella amenazó a Casandro diciéndole que si la sacaban de la ferretería iba a echar al niño en una caja con clavos. Casandro, que no tenía ni echas ni sospechas, le dijo que lo echara, que ese no era su problema. Fue cuando entró a la ferretería una mujer y le arrebató el niño rápidamente a Jhonaica. Esta mujer le dijo que para eso no fue que ella le había alquilado el niño por una hora y que la iba a llevar a la policía por intento de agresión a un menor.
El encargado de seguridad de la ferretería (que es el mismo que atiende en el mostrador en el turno de la mañana y chofer de Casandro) tomó a Jhonaica de un brazo y junto con la madre del niño, la llevaron al destacamento de la policía de Herrera, donde le pusieron la querella y la detuvieron hasta esclarecer el caso.
En la ferretería, Casandro explicaba todo lo sucedido a Don Cucuso y a Felucia (la hija de Cucuso actual novia de Casandro), pero el don le dijo a Casandro que mejor hablaban mañana, que tratarían de olvidar lo sucedido y que no los molestara. Ya habían pasado un mal rato como para seguir hablando de lo mismo.
Casandro se fue a pie a su casa, bajo la oscura noche y una soledad que no era típica del sector por donde deambulaba. Lo llamó su chofer y jefe de seguridad de la ferretería, que salía del destacamento, para llevarlo a su casa, pero el le dijo que prefería caminar, su chofer insistió y Casandro le gritó, mandándolo al carajo y trancándole la llamada. Otra vez sonó el celular y Casandro tomó la llamada con una furia estremecedora, gritando ¡Que no me llames más, que me dejes solo! Y otra vez cerró. Unos minutos más tarde, llegó al colmado de Figueroa y se bebió una botella de VAT 69 a la roca, él solo, mientras hablaba con los tigueres y les contaba las ocurrencias de Jhonaica.
Luego de una fructífera noche donde el alcohol se llevó todos los créditos, entre Figueroa y su ayudante, lo llevaron a su casa, cargándolo como podían, tocaron la puerta y se lo enseñaron a su madre todo borracho y sin fuerzas para estar de pie, ella le señaló a Figueroa un rincón de la casa, cerca de la puerta del patio y le dijo que lo depositaran allí, donde durmió sin moverse ni quejarse en ningún momento. Al día siguiente, Casandro se levantó hecho un guiñapo de despojos. Se dirigió a su habitación donde echó otro sueñito, con mas confort. Su madre que había salido a caminar con unas doñas del barrio, llegó y lo levantó de una manera no muy afectuosa. Le dijo vago, bueno para nada, borracho y desperdiciador de las cosas buenas que le manda Dios. Casandro le dijo cortésmente a su madre que se callara, le dio un cariñoso besito y se dirigió a la cocina, donde se bebió una cerveza para la resaca. En unos minutos estaba bañado y cambiado, listo para los quehaceres del día en la ferretería.
Eran las 10 de la mañana y todos en el negocio estaban preocupados por Casandro, no era costumbre suya llegar tarde. Don Cucuso, preocupado y con sentimiento de culpa, salió a buscarlo por los alrededores. Casandro llegó pero no saludó a nadie, se dio cuenta que Don Cucuso no estaba presente, pero no preguntó por él. Se fue a su oficina y encendió su ordenador personal. En la bandeja de entrada de su correo electrónico tenía entre otras cosas, 3 mensajes de Felucia y uno de la china Dulce. Sin pensarlo dos veces, rápidamente abrió el de la china Dulce, el cual decía lo siguiente:
- Casandro, siento mucho molestarte tanto, no quería causarte ningún daño, solo quería que nos viéramos, pero tal como me dijiste hace un momento no te llamaré más, sé que no quieres estar conmigo, hace mucho que no nos vemos y los sentimientos no son los mismos.
Lo de mi boda resultó todo un fracaso, mi ex me estaba utilizando para darle celos a su pareja, todo era un teatro. Al final si se casó, pero no conmigo. En el ultimo momento fue que me di cuenta que era homosexual y su padrastro no era más que su verdadero novio. Ahora entiendo esos besitos raros de despedidas cuando nos íbamos de algún sitio. Por eso me fui del país, me sentí humillada y confundida.
Estando sola, me di cuenta que la única persona que conozco, que vale la pena para mi corazón eres tú, pero desafortunadamente llegué muy tarde y ya no piensas en mi.
Gracias por darme fuerzas para valorar la vida, nunca me olvidaré de ti.
Dulce. -
Casandro no entendía bien lo que estaba leyendo, ¿de qué la china le estaba hablando? Fue cuando recordó la llamada y tomó su celular. Él no se había percatado que quien llamaba no era su chofer la segunda vez, era la china Dulce. En seguida le marcó a Dulce a su celular, pero salía la contestadota. Marcó 14 veces en 2 minutos, pero no la conseguía. Casandro puso su teléfono encima del escritorio y comenzó a dar vueltas en la oficina. Fue cuando entró una llamada y otra vez lo tomó sin percatarse de quien era.
-Mi amor, perdóname por lo de ayer- decía Casandro. – Fue un error, una confusión, no debió pasar, hoy mismo te quiero ver, para ser felices una vez más. La muchacha contestó – De que amor del diablo me estas hablando, me cansé de llamarte anoche y no tomaste la llamada, te mandé 3 correos y no devolviste ni uno, aparte de montarme un show con una barrial supuestamente que era tu esposa, te desapareces y ahora quieres venir como que no ha pasado nada, no Casandro, usted va a aprender quien es Felucia Cubilete -. Casandro no dijo nada, fue cuando Felucia estalló, le dijo que no se moviera de ahí, que iba inmediatamente para allá.
Casandro volvió a poner el celular en el escritorio, salió de su oficina y se dirigió al mostrador, con la esperanza de que Felucia no le armara un show delante de sus empleados. Estando con sus empleados en el mostrador, se dio cuenta una vez más que Don Cucuso no había llegado. Esto molestó tanto a Casandro, que dispuso una orden para que le descontaran medio día de su sueldo. Coincidencialmente padre e hija llegaron al mismo tiempo a la ferretería, pero con sentimientos inversos. Cuando Cucuso vio a Casandro, se le iluminaron los ojos, se sonrió con todos los dientes afueras, fue a darle un fuerte abrazo y a decirle que no lo volviera a asustar así. Mientras que Felucia esperaba que se separaran, su cara era todo lo contrario, cachos salían de su cabeza y fuego de su nariz, justo cuando se distanciaban de ese abrazo paternal, Felucia le dio un correazo a Casandro en un brazo, y él le tiró una grapadora, desatando otro pleito, entre padre, hija y patrón.
Casandro le dijo a Cucuso que se tomara el día, que no quería verlo allá e invitó a Felucia a pasar a la oficina para resolver las cosas en privado. Cucuso se fue refunfuñando y voceando mil malas palabras. Cuando entraban en la oficina, sonó el teléfono de Casandro, que estaba encima del escritorio, pero Felucia lo tomó. Llamaba la china Dulce, que con dulce voz, preguntó por Casandro. Felucia le dijo que estaba ocupado y preguntó que quien llamaba, contestándole cortésmente la china. Cuando Dulce preguntó lo mismo, Felucia le dijo que hablaba la mujer de Casandro, Felucia Cubilete, la dura de Herrera y que en ese momento iban a resolver un problema de pareja, que llamara más tarde.
En ese momento tocaron la puerta, el chofer de Casandro fue a decirle que habían mandado a Jhonaica a la cárcel de Najayo, acusada de robo y agresión a un menor. La madre que le alquiló al niño cambió la versión a ver si podía sacarle más dinero a Jhonaica, pero lo que hizo fue empeorar la situación. Casandro le dio las gracias al chofer por la información y le dijo que más tarde hablaban con mas detalles.
Felucia impaciente por comenzar la pelea, le reprochó a Casandro todo lo que había pasado en menos de 18 horas, primero la loca del bebé, ahora una tal china Dulce (que según Felucia no sirve ni para hacer un morir soñando) y lo peor, la desaparecida de la noche anterior, seguramente rondando en algún puticlub para satisfacer sus necesidades. Felucia le dijo a Casandro que se vaya buscando otro numero de teléfono, porque ese ya era de ella, que iba a monitorear todas las llamadas y que de ella no se iba a librar, que ella es una mujer que donde pone el ojo pone la bala. Casandro en ese momento no entendía bien que le quería decir Felucia y con cara de confusión le dijo ¿¡Qué!?. Fue cuando ella le dijo: - ¡Más claro no te lo diré, tu eres mío y de nadie más, la mujer que se atreva a mirarte o a buscarte la mato!
Casandro le dijo que no tenía que matar a nadie y que Dulce era una suplidora de artículos de plomería, que importaban desde China.
Pedro shut down
Hace 13 años

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