lunes, 27 de abril de 2009

Casandro Returns

Luego de 5 semanas trabajando con el mago, durmiendo en un vagón del teleférico y comiendo ricochito con mabí, Casandro había ahorrado lo suficiente para regresar a Santo Domingo. El personal que trabajaba en el teleférico le daba viajes gratis a Casandro a cambio de trucos de magia. Pero antes de volver a la Capital, decidió pasarse un fin de semana en Cabarete como parte de unas merecidas vacaciones.

Desde que llegó a Cabarete, Casandro buscó una dama de compañía que se ajustara a su ajustado presupuesto. Así fue que conoció a Margarita Bohemia, una enanita muy coqueta, que había entrado al mundo de la prostitución con la finalidad de encontrarse con un italiano que se enamorara de ella y se la llevara a vivir a Europa, donde le haría cinco enanitos y vivirían felices.

Fue un fin de semana muy especial para ambos, pasearon por la playa agarrados de la mano, comieron yaniqueques y bailaban sin parar. El sábado en la noche, luego de salir de la discoterraza, paseaban por la playa, cuando Casandro vió en el horizonte una estrella fugaz y pidió un deseo, que Dios le diera la oportunidad de encontrar el amor que tanto buscaba para poder organizar su vida. Fue en ese momento cuando Margarita le hizo una zancadilla, lo tumbó en la arena y le dio besos hasta en sus partes más privadas. A Casandro se le erizó la piel cuando Margarita bajaba por su camino feliz (del ombligo hacia abajo). El le subió el vestido, le hizo el nudo de la cebolla y comenzaron ardientemente a hacer al amor. Se le llenaron de arena hasta los hoyos de las narices. Al cabo de unos minutos, cuando estaban en mitad del acto, fueron atrapados por unos Politur que rondaban el área. Pasaron la noche detenidos por exhibicionismo público y daños a la moral y las buenas costumbres del pueblo Dominicano.

A Casandro lo soltaron en la mañana del domingo, después de darle “por abajo” 500 pesos al sargento, pero a Margarita Bohemia la dejaron detenida, ya que tenía 14 fichas por el mismo delito y los policías decidieron usarla de mesa para poner vasos y tazas en su cabeza por unos días para ver si aprendía la lección.

Una vez más, Casandro vió como llegó el amor y de repente se desvaneció. Cuando se alejaba del cuartel, solo oía a Margarita gritando – ¡Casandro no me dejes! ¡Este café está muy caliente en mi cabeza! -.

En su regreso a Santo Domingo, Casandro escribió en su mascota todas sus vivencias en Puerto Plata, que parecían casi increíbles. Escribió también una carta de agradecimiento para el Mago del Teleférico y una para la enana Margarita Bohemia:


Margarita querida, amor de fin de semana, nunca había estado con alguien tan diminuta como tu, que hiciera mi amor tan grande y tu sabes que otras cosas más ponías grande. Quiero decirte que lo de nosotros fue muy especial, pero no iba a tener ningún futuro, tú querías un italiano rico y yo solo soy un servidor que no te puede brindar grandes lujos. Espero que los polis te dejen ir pronto y que endereces tu vida. Quiero que seas muy feliz, nunca te olvidaré. Ahora mismo pasé por La Vega, fui al Santo Cerro para pedirle al señor que te ilumine y le traiga bendiciones a tu vida, igual a la mía. Recuerda beberte tus pastillas para tu deficiencia del corazón y recuerda siempre andar con tu nebulizador para el asma. Cuando llegue a la capital te mandaré un polvo mágico, se llama talco, para que tengas frescos tus pies y un pote de vinagre para los hongos de tus deditos de novia.

Busca en el cielo una estrella fugaz que ese seré yo, cuidándote y velando por lo mejor. Con mucho amor y cariño te mando besos desde la carretera.

Este es un hasta luego, no un adiós.

Casandro tu gigantón.


Luego de pararse en La Vega, Casandro se quedó en la entrada de San Francisco, para degustar de unos suculentos chicharrones de cerdo. Entre cervecitas y frituras, Casandro se metió en la conversación de unos Cibaeños que estaban sentados en la mesa de al lado. Los hombres discutían sobre la rivalidad cibaeña entre Águilas y Gigantes. Casandro opinaba objetivamente, citando los logros de cada equipo y las fallas que los han hecho fracasar. Luego de una impresionante explicación los individuos le preguntaron a Casandro que por cual equipo él simpatizaba y le contestó sin titubear -¿Cómo de cual equipo? Del único equipo que hay en este país, del Licey, todos los demás son monte y culebra -. Una vez más Casandro metió la pata y una vez más se armó la corredera. Los tigueres se pararon con machete en mano y Casandro salió disparado por la Autopista Duarte, mirando hacia atrás a ver si perdía de vista a los atacantes. Luego de unos cuantos kilómetros recorridos a velocidad crucero, logró sacarle la milla a los que venían detrás y se sentó a descansar.

Casandro se dio cuenta que los fracasos con las mujeres y las constantes corridas eran ya parte de su trastornada vida. Caminó unos kilómetros más, llegando a pié a Bonao.

Se preguntó -¿Bonao?¿Qué es lo que hay en Bonao? Ahh! Muchos chinos. Se sentó en Plaza Jacaranda y comenzó a llorar de nostalgia, primero por la china Dulce, luego por Yi Jiao y Zhao, los chinos del hotel de Puerto Plata. Compró queso de hoja, galletitas para mamá y canquiñas para los chamaquitos del barrio.

A la vera de la autopista, se puso a pedir bola, duró más de 20 minutos parado como un zángano, pero no encontraba a nadie que quisiera llevarlo. Un buen samaritano se le acercó y le dijo que el iba a la Capital, que si quería lo podía llevar, pero que el viaje iba a ser un poco incómodo. Casandro desesperado, le dijo que sí, que no importaba como fuera.

Casandro finalmente llegó a la capital, son su mascota de los recuerdos sana y a salvo, una funda de queso de hoja y galletitas, su celular descargado y nuevos amigos, Frankie, Zuleika, Chicharo y Churrasco, 4 puercos que lo acompañaron en la parte de atrás del camión donde había regresado.

Al llegar al barrio, se paró en el colmado y le dijo a Figueroa, el dueño, que le anotara en la mascotica unos guineos y una Malta Morena que se iba a llevar. Cuando llegó a su casa donde su madre lo recibió con los brazos abiertos, por fin su hijo había regresado a casa, muy flaco, sucio y pestilente. Casandro le entregó el queso y las galletas y se fue a bañar mientras la doña le preparaba un locrio de chicharrón.

Se baño, comió y se fue a dormir como a las 3:00 pm, hasta el día siguiente.