La segunda noche no pudo ser peor, a Casandro lo mandaron a una de las habitaciones comunes, donde compartía estadía con 2 chinos ilegales que habían entrado al país por Haití. Los chinos dormían en la misma cama, usaban el mismo cepillo de dientes y se secaban con la misma toalla. Al llegar Casandro a la habitación, los chinos le obligaron a “pagar peaje” y le quitaron su cepillo de dientes, su peine y su desodorante. Casandro entendió que eran unos desposeídos y les regaló también unos calzoncillos pero ellos se lo devolvieron porque no estaban lavados.
La habitación era una chulada, tenía un viejo abanico de techo, que sólo servía en el nivel 1, a eso se le suman los mosquitos y zancudos que volaban sin cesar y una rana que vivía detrás del inodoro y cantaba cada vez que alguien iba a hacer pipí. La hora de dormir ha llegado para Casandro, luego de jugar parché chino y comer galletas de la suerte. Los chinos se durmieron antes que Casandro y roncaban como un concierto de la sinfónica desafinada. Cuando pudo conciliar un poco de sueño llegó una interminable lluvia, que entraba por lo que parecía una ventana, pero era más bien un hueco en la pared. La lluvia comenzó salpicando la cara de Casandro y se tornó tan fuerte que mojó parcialmente su colchón.
Casandro se sentó en su cama, e inspirado en el amor, vió las goteras de su habitación como si fueran las lágrimas derramadas por antiguas pretendientes, por lo que escribió un poema maldito de llanto y amargura.
En la pagina 6 de su mascota estaba el poema que decía asi:
Quisiera verte día y noche
Más de noche que de día
Si de mi dependiera
Con menos ropa que el ultimo día
A la playa te llevaría
A ver si menudos tienes
O marquitas de motores
Que despierten mis placeres
No seré el hombre más romántico
Mucho menos el gran caballero
Pero soy el que pelea
Pa’ ganarme tu terreno
En tu play quiero jugar
Seré el mejor bateador
Para que duro me grites
¡Dame con el palo abusador!
Cada vez que veo un chinero
Por la calle pasear
Quisiera que fueras la china
A la que el jugo el voy a sacar
Vuelve a mi chinita linda
Que te quiero con pasión
Por ti a la luna yo iría
O a la zurza corazón
Si de felicidad se trata
Egoísta no seré
Si ya no me quieres mi vida
Nunca te olvidaré
Para: La china Dulce
De: Casandro from Las Caobas
Luego de escribir su poema, mojado, enfurecido y desilusionado, no le quedó más que salir de la habitación a dar un paseo por el hotel. Antes de dar el paseo, recogió sus cosas en su humilde bulto, menos lo que le había dejado a los chinos, con la intención de dejar el hotel de mala muerte a primera hora de la mañana.
Andando por un pasillo que llevaba hacia el lobby, escuchó un gemido familiar que gozaba de placer. Se detuvo frente a esta puerta creyendo que era Edeliz. Se puso a brechar brevemente y lo que vió no fue de su agrado. Al parecer la grandiosa diabla del disfrute sexual ya tenía otra victima a la cual estafar. Encojonado por todo lo que había pasado y decidido a que no engañaran a otro infeliz más, Casandro abrió la puerta de la habitación y agarró a Edeliz “Caman ahí” con un moreno que medía aproximadamente 6 pies y 4 pulgadas. Casandro le dijo: -Pana, esa mujer se va a llevar tu dinero, es un maldito cuero que solo estafa a los hombres, vine a salvarte-.
El moreno le preguntó a Edeliz ¿Quién carajo es este? Y ella pegó un grito y le dijo al moreno que sacara a ese brechero de la habitación.
Lo que no sabía Casandro, era que el individuo era un amigo de Edeliz, que se lo “pegaba” de vez en cuando. Al ver el moreno esta intromisión, salió disparado de la cama para matar a Casandro, el cual corrió más rápido que Usain Bolt. Casandro se mandó sin mirar atrás, voceando ¡Solo vine a salvarte! y abandonó el hotel. Corrió por todo el Malecón con el moreno pisándole los talones, pero logró despistarlo subiendo una calle que no conocía y llegando hasta un colmadón. Casandro se dio cuenta que había dejado casi todo en el hotel, pero por suerte andaba con su cartera, su celular y su inseparable mascota.
Sin lugar donde pasar la noche, Casandro se dedicó al mal vivir del alcohol en el colmadón, donde conoció unos compañeros con los cuales compartir unas horas. Y así pasó la noche…
Salen los primeros rayos de sol, una extraña sensación de humedad despierta a Casandro, abre un ojo y ve un feo perro realengo, que le está lamiendo la boca, la cual había dejado abierta mientras dormía. Casandro se levantó y decidió abandonar esta endemoniada ciudad. Sacó su celular y se dio cuenta que no tenía baterías, chequeó su cartera y vió que solo le quedaban dos monedas de 10 pesos, y tres de cinco, con las cuales compró gomas de mascar para el pestilente olor que salía de su boca. Se había bebido una parte del dinero y la otra se la brindó de quipes y salchichas cerveceras a sus “amigos de la noche”. Fue a buscar su tarjeta de debito pero le fue hurtada entre el alcohol y el olvido.
Casandro no le dio mente a esto y decidió antes de marcharse, ir a conocer el teleférico. Cuando llegó a pié, se dio cuenta que la entrada era más de lo que tenía y se puso a pedir limosna afuera. Solo consiguió 14 pesos más, pero Casandro tenía la suerte de su lado.
Una extraña persona, con sombrero alto, se le acercó y le ofreció trabajo, al principio Casandro lo dudó, pero fue convencido y lo aceptó, esperando de esta manera hacer dinero para montarse en el teleférico y también para recolectar el pasaje de vuelta a la Capital.
De esta manera, Casandro pasó de ser el Papichulo de Las Caobas al asistente del mago del teleférico de Puerto Plata.
Pedro shut down
Hace 13 años
