Edeliz era una encantadora muchacha de pueblo, tímida durante el día, furiosa cuando llega la noche. Casandro, cortésmente, le dijo que lo acompañara, extendiendo su brazo y enseñándole una silla. Ella se sentó, andaba con falda corta, comía caramelo, tenia el pelo suelto, abundante, muy rizado, sus cejas eran pobladas y lo que más le llamó la atención a Casandro, presentaba una sombra sobre sus labios, como unos sensuales bigotes.
Casandro recordó el viejo y conocido refrán “Mujer con bozo, todo sabroso” (no es así, pero ya captas la idea), y vió en ella la oportunidad de hacer su viaje interesante y una forma de saciar su apetito sexual. Casandro no sabía que Edeliz había sido enviada por Ursula, la madame de este lugar.
Hablaron de todo un poco, ella inventaba constantes mentiras sobre su procedencia, él le contaba de la china Dulce y de el por qué de su huida repentina de Santo Domingo. Bebieron y compartieron sonrisas, Casandro con aire de galán capitaleño, la invitó a pasear por el Malecón. Caminaron unos minutos hasta llegar a un lugar solitario.
Los acompañaban las olas y la luna se hacía testigo de un romántico acercamiento. Casandro acariciaba su pelo, sus hombros y bajó hasta su cintura, se acercó y lentamente le plantó un apasionado beso con sabor a caramelo. Ella se dejó llevar por el momento y olvidó por unos instantes que era una mujer de la calle. Se sintió importante, una vez más en su abrupta vida.
Las caricias se transformaron en verdadero disfrute, calor y gozo. Era como si ya hubieran estado juntos antes. Había más química que la de Brangelina. Luego de pasear otro rato por las húmedas calles, agarrados de mano y con ojitos de amor verdadero, ella le dijo que volvieran al hotel. Al llegar, ella le dijo que la hiciera suya, porque ya no aguantaba las ganas de estar con él. Casandro no desaprovechó esta oportunidad y sus aires de papichulo de Las Caobas se apoderaron de él. Subieron por las escaleras desvistiéndose y tocándose todo. Llegaron a la habitación en paños menores, ella sin nada en la parte de arriba de su cuerpo. Casandro pasaba su mano por la barriguita pordiosera de Edeliz, cuando trató de recorrer su camino feliz, desde su peludo ombligo hacia su flor, encontró una trampa para dedos, de la cual le fue difícil escapar sin herir a la chica. Casandro se detuvo las caricias y se sentó en la cama preguntándose ¿Cómo entrar ahí si lo que me gusta es el bacalao afeitao?.
Ella le preguntó que si había algún problema con el pelo y él le contestó diciéndole que el pelo no es lo mismo que los pelos. Edeliz se sintió ofendida, pero Casandro supo manejar la situación y le dijo que le encantaba su melena de león, que la hacia ver como una playgirl de los 80 y que siempre le ha gustado a jugar el tesoro escondido o al cazador en la selva.
Casandro le prometió ser el cazador de ese león y que esa noche se iba de safari. Edeliz quedó excitada y emocionada con estas palabras, gritaba como un niño en un parque de diversiones. Fue cuando comenzó la verdadera cacería de leones en África. Hicieron de todo, de todas formas y maneras posibles, rompieron la frágil cama y una silla plástica. Deshicieron sus cuerpos, columpiándose mutuamente en sus cinturas y cabalgando hacia el infinito placer. Los gritos eran tan fuertes, que Casandro tenia que taparle la boca, a lo cual ella le respondía mordiéndoselos y él le respondía mordiéndole un hombro. Era un doloroso placer de ambas partes.
Cuando la aventura terminó, luego de domar al león, llegó la calma y con ella el sueño. Casandro quedó rendido en los brazos de Edeliz y ella tendida en lo que quedaba de la cama. Agarró unas sábanas y arropó a Casandro.
Más tarde, se oyen unos pajaritos, llegan los primeros rayos de luz por la ventana y Casandro se levanta. Buscaba a Edeliz a su lado, pero ella no estaba. Dio media vuelta y vió encima de la mesita de noche, una carta que decía asi:
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Casandro:
Gracias por debolverme la vida otra ves, el epiritu que avia perdido. Lo de anoche fue increíble, me sentí igual que como en mi primera luna de miel. Pol mala suerte, no meresco estar con alguien tan bueno como tu y tu no mereces una culebra venenosa como yo.
La vida me ha enseñado a balorar las verdaderas personas que yenan de felicida las vidas de otras y a alejarme de ellas a la vez. No espero que entiendas pero será mejor así.
Perdóname por tomar lo mío de tu cartera, tu sabes, las milongas, pero mi trabajo me lo ecige. No se hasta cuando pueda soportar esta vida, pero es lo único que me queda.
Espero no volverte a ver más, no soportaría saber como ubiera sido mi vida contigo.
Adiós Cazador
Edelina Lizbeth Mata Ramos
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Casandro quedó con la boca abierta, había sido estafado, engañado y robado por una mujer que hace el amor salvaje, pero le pela la cartera de una forma más salvaje. Cuando fue a ver lo que le había quitado, era mejor contar lo que le había dejado. Solo le dejó efectivo para un desayuno de pan con salami y un jugo de cartón, de los chiquitos. Por suerte no se llevó sus tarjetas de crédito ni sus papeles. Casandro bajó al lobby rápidamente, voceando que lo habían robado, le preguntó a Don Mirto que si había visto a alguien salir de su habitación y este le dijo que no, fue donde Fellito y éste le dijo que el hotel no era responsable de las personas que Casandro llevara a su habitación y que en cambio, debía pagar la estadía de ella. Casandro salió furioso del hotel, tratando de encontrar a la mujer que le había robado, por casualidad se topó con un cajero automático y pudo sacar dinero, con el cual volvió al hotel, le pagó a Fellito y le tiró la llave en el pecho.
Abandonó este lugar y se fue a un hotel a unas cuadras, el único lugar que tenia una tarifa que se acomodara a sus precarios bolsillos. El dueño de este lugar, atendía en recepción, llevaba el equipaje, tendía las camas y realizaba el desayuno. Este señor le pidió a Casandro su equipaje, para llevarlo a la habitación. Pero Casandro estaba con las manos vacías. El pique le hizo olvidar que había dejado sus cosas en la habitación de El Encuentro y lo más preciado, su mascota donde había anotado ya unas cosas.
Casandro salió como alma que lleva el diablo de este hotelucho y volvió a El Encuentro, donde llegó con cara de gatito bueno y le dijo a Fellito que por favor, le buscara su equipaje, que lo había dejado en la habitación. Fellito lo ignoró por unos minutos. Al ver la insistencia de Casandro y su preocupación, Fellito le dijo que la única forma de devolverle su equipaje, era quedándose otra noche más en el hotel, pero en una habitación diferente.
Casandro, resabiando, le dijo que no había problema, a lo que Fellito le dijo que la habitación nueva iba a tener una tarifa más alta. Casandro enloqueció, le llamó a Fellito estafador, le dijo que él y todo el hotel no era más que un robo legal organizado. Fellito le dijo que era eso o perder su equipaje. Casandro se llenó de paciencia y accedió a tomar la habitación. Fellito le dijo que también debía pagar por la cama y la silla que había roto. Fellito se abrió su camisa y le enseño a Casandro 3 llaves que tenía marcadas a un lado del pecho y le dijo que esa se la iba a cobrar.
Pedro shut down
Hace 13 años
