miércoles, 21 de enero de 2009

Casandro y El Encuentro en Long Beach

Casandro se dirigió a la empresa de transporte interprovincial, ubicada en la 27 con Leopoldo Navarro, donde tomó un bus con destino a Puerto Plata. Antes de abordar, se comió un buen trozo (que no es lo mismo que pedazo) de queso de hoja, una galletita saladita y un refresco de cola, para entretener el estómago durante el viaje. Esperó sentado unos 20 minutos hasta que todos los pasajeros se subieran a la guagua. El chofer, impaciente porque unas personas con gorras de las águilas cibaeñas se despedían de sus parientes les voceó ¡Se va la guagua! Acto seguido de la colocación de una gorra azul en la cabeza del mismo.

El paseo transcurría de lo más normal. Al lado de Casandro se sentó una gorda señora muy simpática, una especie de radito ambulante, de estas señoras que no se callan ni poniéndole un bozal. La doña le contó sobre toda su familia, su difunto esposo, su hija que ahora reside en Suiza y sus nietos que viven en Estero Hondo, a quienes ella iba a visitar. Luego de una amena conversación que se prolongó desde la salida de la parada hasta la entrada de la Vega, en la cual Casandro solo le decía Si y No, la señora cayó rendida del sueño, inclinando ligeramente su cabeza en el hombro de Casandro. Al principio él trataba de apartarla, pero sin poder moverla, decidió dejarla sobre su hombro. La señora roncaba bajito, cosa que no molestaba a Casandro.

Casandro sintió un frío que iba desde el cuello hasta el hombro de su camisa, no se había percatado que la doña dormía con la boca abierta, babeándole asquerosamente su camisita dominguera. Después de que Casandro se moviera bruscamente y con cara de asco, la señora despertó y se secó la boca con la manga de su blusa, pidiéndole mil disculpas a Casandro y ofreciéndole su pañuelo a lo que Casandro se negó y le dijo que esas cosas pasaban, que no se preocupara. Por suerte ya llegaban a Puerto Plata y la señora por vergüenza, decidió sentarse delante para salir de primero.

Al ver que su prima Santa no lo fue a recoger a la parada, Casandro decidió coger un motoconcho. El diestro piloto de moto le preguntó a Casandro que si el viaje lo que quería con lagrimas o sin lagrimas, (Definición: Con lágrimas, es el chofer manejando su motor, jorobado, con la cabeza hundida entre sus hombros, para que el pasajero se coja toda la brisa y que le dé directamente en la cara. Las lagrimas que le salen son proporcionales con la velocidad del bólido de dos ruedas. Cabe destacar que el pasajero NO PUEDE usar casco protector). Casandro decidió hacer su placentero viaje “con lágrimas” para tratar de que la brisa le secara la baba del hombro de su camisa tornasol.

Finalmente llegó al lugar donde había reservado, Hotel El Encuentro. Había escogido este lugar por recomendación de Kike, que había ido antes con una novia de esas invisibles que nadie conoce nunca. Hotel El Encuentro es un peculiar lugar, frente el malecón de Puerto Plata, donde está ubicada Long Beach, una de las playas más hermosas que Colón haya visto. En la primera planta, hay un pica-pollo chino, que sólo trabaja durante el día, ya que en la noche se transforma en una discoteca turística, con servicios masajes eróticos para los clientes que así lo deseen y un show de travestis los jueves picantes, que suelen ser los últimos de cada mes. En la segunda planta se encuentra el lobby, rodeado de habitaciones. Cuando llegó Casandro al lobby le pasó por el frente un caballero en toallas, que salía de unos de los baños comunes del lugar. En el lobby se trabajan dos tandas, de 6:00 a.m. a 6 p.m., que labora Fellito, un señor de pequeño tamaño, nativo de la comunidad de Yásica y en la tanda de las 6:00 p.m. a 6 a.m. está Ursula, conocida en la zona por ser “Madame” de las más prestigiosas chicas de Valverde Mao, Esperanza y Laguna Salada. Ursula es del popular barrio de Mao, llamado Carlos Daniel.



Casandro le pidió a Fellito que le diera la habitación con mejor vista al mar, que obligatoriamente tuviera baño privado y preferiblemente en la última planta, donde pudiera estar en contacto con la puesta del sol en las tardes y las estrellas en la noche. Fellito le contestó que estaba de suerte, ya que hacia unas horas habían desocupado la habitación matrimonial, la única en la ultima planta. Los últimos en usarla fueron una pareja de Tenares que fueron a pasar su luna de miel.

Casandro sería guiado a su cuarto por el botones, (sí, este hotel tiene botones), Don Mirto, uno de los fundadores de El Encuentro en 1958. Tenía en este lugar más de 60 años trabajando, desde que tenía 9, cuando era ayudante de limpieza. Había sobrevivido a cuatro cambios de propietarios y a la crisis de Hipólito. Era 17 veces ganador del empleado del año y 346 como empleado del mes.

Casandro y Don Mirto subieron hasta la cuarta planta por unas estrechas escaleras, por supuesto, Casandro era quien cargaba su propio equipaje. Pasaron por un oscuro pasillo donde se topó con una pareja de jóvenes haciendo de las suyas y doblaron a la derecha, donde caminaron por otro oscuro pasillo, por el cual llegaron a una puerta de madera. Don mirto abrió esta puerta, la cual llevaba hasta el techo del hotel, por una escalera oxidada tipo caracol.

Al llegar al techo, fue cuando una extraña luz iluminó los ojos de Casandro, por fin había llegado a la habitación 501. Su fachada era exactamente como se la había descrito Kike, con la mecedora frente a la puerta y una mesa donde poner los tragos y subir los pies. Casandro hacía mente de este lugar como un refugio para relajarse y disfrutar del excitante placer de la soledad, donde sacaría de adentro toda su escritura de poeta maldito.

La 501, era parte de un proyecto de anexos del hotel, el cual nunca fue terminado, por lo que ésta era una solitaria habitación en el techo, pero con la mejor vista al mar de todos los hoteles y hostales de Puerto Plata.

Al Don Mirto abrir la puerta de la habitación, la primera impresión de Casandro fue de un lugar deprimente. En ese momento cayeron los bonos y la ilusión. Encontró en el interior una cama sándwich, una silla multiposiciones de las de las cabañas, un cajón para meter la ropa, dos sillas de plástico y un nuevo testamento. En el baño, una cubeta con agua con un envase de mantequilla dentro para poder ducharse. Un inodoro sin agua, tipo letrina, ya que los desperdicios bajaban directamente a la parte de atrás del hotel donde estaban los zafacones. La mala higiene de la pareja de Tenares fue otro factor en contra de Casandro. Condones usados decoraban el lugar, uñas cortadas y servilletas y papeles sucios. Casandro le dio a Don Mirto dos horas y RD$200.00 pesos para que limpiaran bien la habitación. Casandro dio media vuelta y dejó a Don Mirto en el lugar, esperando verlo diferente cuando regresara.

Eran las 6:00 de la tarde, Casandro bajó al restaurant, ya estaban cambiándolo para discoteca. Se sentó en una de las mesas y pidió un ron con soda. Entre el ruido de los empleados moviendo las mesas y el ladrido de un perro que estaba en la acera del frente, buscó inspiración para comenzar con sus relatos, poemas o cuentos. Al principio era difícil, quería escribir algo que le hubiera sucedido en los últimos días, pero no le llegaba nada a la mente. Finalmente concentrado, una vaga idea fluía en su cerebro, pero como cosa del destino, algo le desvió la atención. Una sombra tapaba su cuaderno, levantó la cabeza lentamente y veía unos sensuales muslos, un abdomen escultural, unos senos de curvas mieles y una cara de koala, era horrible, pero su cuerpo compensaba su feura.

La chica koala le dijo: -Hola, me llamo Edeliz ¿Puedo sentarme contigo?.

1 comentario:

Pame dijo...

1. Eje!! La chica koala??!!!

2. Cuenta cuenta, quiero saber que sigueeeee.jijii