lunes, 26 de enero de 2009

Dios nos quiere a todos, pero es liceísta.

Para se fanático del baseball dominicano hay que tener 4 cosas indispensables:

1. Paciencia: Para poder aguantar toda la basura que hablan los aguiluchos y ahora a los infelices y malcriados fanáticos de los gigantes.

2. Ser fanático del Licey: Un equipo glorioso, ganador de 20 ó 22 Campeonatos Nacionales (como usted lo quiera ver) y 10 Series del Caribe.

3. Un amigo escogidista: Que apoye el frente Patriótico La Capital contra el Campo, cuando descalifiquen a los rojos.

4. Más paciencia: Para no darle un trompón a algún idiota, imbécil, bobo, presuntuoso, ridículo, tonto e ignorante “seguidor” de la pelota dominicana, que dice que el Licey ganó con trampa. ¡Barbarazo!

El licey ganó porque es bueno, porque es Glorioso y porque tenía jugadores con experiencia y capacidad.

Si mal no recuerdo, en la temporada regular, el Licey clasificó “gateando”, en tercer lugar, el penúltimo día de la temporada, cuando los Gigantes le ganaban a todo el mundo y eran lo mejor de la pelota y de la bolita del mundo. ¡Que viva San Francisco, esta es tierra de Gigantes!

Con todo y quedar en primero, de ganarle a todo el mundo con marcadores apabullantes, los Gigantes del Cibao y su fanaticada nos tenían miedo, a los fanáticos y al equipo azul. En la temporada regular, un juego en San Francisco Licey – Gigantes, los rebuseros fanáticos cibaeños, trataron de sacar de circulación a nuestros jugadores, tirándole botellas, objetos cortantes e hirientes al terreno de juego, buscando alguna ventaja para competir con nosotros, pero le salió el tiro por la culata cuando le declararon perdido el juego por forfeit. Ahí surgió una guerra verbal entre los dos equipos y los juegos eran más personales.

En el Round Robin, los Gigantes comenzaron ¡otra vez! como una trulla, masacrando a todo el mundo, hasta que los Toros del Este, con Ricardo Nanita a la cabeza, le pusieron los cuernos en el pecho y el Glorioso Licey tomó control de la primera posición. Pero nada estaba definido, el ultimo día del Round Robin, un crucial juego entre Gigantes - Licey, en la capital dominicana, definía cuál equipo pasaba a la final y el cuál tenía que jugar con los Toros para la clasificación. En un juego batallado, empate a 1 en la novena entrada, Los Gloriosos Tigres del licey, dejaron en el terreno a los Gigantes del Cibao con un hit de oro de uno de los Tres Temores, Erick Aybar, anotando desde segunda Ronnie Belliard, recuerden muy bien ese nombre. Cabe destacar, que en el Round Robin, el Licey se enfrentó seis (6) veces a los Campeones, Las Águilas Cibaeñas, ganándole los 6 partidos, tres de ellos con todas sus estrellas (Polonia, Melky, Víctor Díaz, Encarnación, Fulcar, T.J. Peña, Mendy López, Andruw Jones, Julio Borbón, Johnny Cueto y el que no se podía quedar, el domador de tigres, el “Papá del Licey” Nelson Figueroa, al cual le dimos, lo sonamos, lo matamos le coreamos en el play ¿Dónde está Papá?) y con todos sus novatos los tres últimos.

Tres días más tarde, los Gigantes mataron a los Toros y pasaron a la final.

Aquí es que comienza lo bueno.

La Serie regular fue la más cerrada en los últimos años, el Round Robin el mejor que cualquier fanático haya presenciado.

La Serie Final fue, de la siguiente manera:

Juego 1: Empate en el quinto inning a dos carreras, hit de Anderson Hernández, desde segunda trata de anotar Ronnie Belliard, el tiro es potente pero no certero, Ronnie trata de evitar el guante del catcher Brian Peña y el umpire de home declara que la jugaba fue safe, sin percatarse que Ronnie no pisó el home. Relámpagos y malas palabras salieron del dogout de los Gigantes, fue cuando botaron al manager Luis Dorante, al coach de picheo, al pitcher, al recogebates, al muchachito que le lleva al agua a los peloteros de los Gigantes y hasta al chofer de la guagua que los trae del campo. Ahh! pero lo que no dicen los fanáticos de los Gigantes, es que su equipo no pudo hacer una carrera más, ante el espectacular picheo del bullpen azul, protagonizado por Carlos Mármol, Alberto Arias y Víctor Marte. Excelente salida también de Ubaldo Jiménez. ¡Bateen ahora como le batearon a los Toros y a las Águilas, Gigantes que juegan como enanos!
Licey 3, Gigantes 2. Serie 1 a 0 arriba Licey.

Juego 2: todo es alegría en GiganteLandia, ganado el juego 6 a 2 en el tercer inning, pero… se revoltió el Licey! Ahí mírenle la carita al pitcher !Tá’ asustao! De pronto los temores armaron un lío y pusieron el juego 6 a 5, seguido en el quinto inning de un espectacular Home Run de José Bautista y el Licey ganaba 7 a 6. Los Gigantes empataron en el octavo 7 a 7. Extra! Extra! A jugar extra innings. En el décimo inning…se revoltió el Licey! hit empujador de una carrera de Timo Pérez y hit empujador de otra de Emilio Bonifacio ante los envíos del flaco Darío Veras. Carlos Mármol entra en la parte de abajo del inning y adiós Gigantes.
Licey 9, Gigantes 7. 10 innings. Serie 2 a 0 arriba Licey.

Incidencias: En la mitad del juego Feliz “El Gatico” Martínez, segunda base suplente de los Gigantes, sale corriendo desde la primera base a entrarle a trompadas, patadas, sillasos y mandarriasos al umpire de home, Jeff Macías, por inconformidad con la zona de strike (que era la misma para los dos equipos, muy mala en todo el torneo). Entendemos también, que El Gatico quería desahogar una frustración colectiva del equipo de los Gigantes, por no poder sacar la cabeza ante los Gloriosos Tigres del Licey.

Juego 3: La Liga desluce la final, suspendiendo al Gatico Martínez “supuestamente” cuando iba a comenzar el juego, por presión de los umpires americanos (muy malos por cierto) quienes no querían que El Gatico estuviera meas en la Serie Final y los Gigantes deciden no salir a jugar ese día. ¿Y no que ustedes son los Gigantes? los que mataron a todo el mundo en la Temporada Regular, los favoritos de todos los cronistas para ganar el Round Robin y la Final, ¡Salgan a jugar!

Pero no, por acto de solidaridad con el Gatico o por miedo a que los matemos otra vez, no salieron. Los umpires declaran forfeit y los Tigres ganan el juego. El Licey es tan bueno que sin salir al terreno gana. ¡Que grande es el Licey!
Licey 9, Gigantes 0. Serie 3 a 0 arriba Licey.

Juego 4: Se decidió jugar este juego en Santo Domingo y no en San Francisco, por la seguridad de los peloteros y también para ver si se recuperaban algunas de las perdidas por el forfeit del día anterior. El juego estaba 2 a 1 ganado el Licey y los Gigantes llenaron las bases en el sexto, Ahh! ahora si estaban mejorando las cosas para los Gigantes, pero… Erick Almonte al batea rodado por segunda, al short 1 out a primera doble play! Y comenzó la lluvia que nunca paró, Licey ganó 2 a 1 en un juego cortado por la lluvia.
Licey 2, Gigantes 1, Final en 6 innings, Serie 4 a 0 arriba Licey.

Recuerden que Dios nos quiere a todos, pero es Liceísta.

Juego 5: Sumamente batallado, los Gigantes lograron empatarlo en el octavo 2 a 2 y en el noveno a 3 carreras, ante el estelar Carlos Mármol. En el inning doce un hit de Anderson Hernández mueve a Ronnie Belliard a la tercera, el mismo Belliard que le ha hecho la vida imposible a los Gigantes anotándole carreras importantes, pero el jardinero Izquierdo, Caonabo Cosme, pifia la bola y Ronnie se va al home, anotando la carrera del campeonato y esta vez ¡sí pisó el home! Se los aseguro, yo lo vi, yo estaba ahí, si pisó el home y de esta forma Licey gana el Campeonato 2008-2009.

Para los ignorantes que no saben de baseball, entiendan que Licey no compra Liga, ni árbitros, ni juegos, es simplemente que donde hay calidad, profundidad y una buena gerencia, se espera este tipo de resultados. Donde hay una tradición ganadora, como en el equipo de las Águilas, como en el Licey, siempre esperamos lo mejor de nuestro jugadores y la derrota no es una opción.

A los Gigantes, con gatico, con perrito, caballito o becerrito, mi más sincero respeto por haber llegado a la final, pero entiendan, cuando hay que ganar si o si, ustedes no sacan lo mejor, solo buscan las excusas de por qué no ganaron, mientras que Licey demuestra por qué es el más Glorioso equipo del país y del Caribe.

Tigres del Licey, Gloriosos, Monumentales y Campeones.

Rafael E. Taulé
26 de enero de 2009

P.D.
Para los aguiluchos, nuestro trofeo de campeón 2008-2009 se verá muy bien en las oficinas del Licey, al lado del Trofeo del Monumento.

miércoles, 21 de enero de 2009

Casandro y El Encuentro en Long Beach

Casandro se dirigió a la empresa de transporte interprovincial, ubicada en la 27 con Leopoldo Navarro, donde tomó un bus con destino a Puerto Plata. Antes de abordar, se comió un buen trozo (que no es lo mismo que pedazo) de queso de hoja, una galletita saladita y un refresco de cola, para entretener el estómago durante el viaje. Esperó sentado unos 20 minutos hasta que todos los pasajeros se subieran a la guagua. El chofer, impaciente porque unas personas con gorras de las águilas cibaeñas se despedían de sus parientes les voceó ¡Se va la guagua! Acto seguido de la colocación de una gorra azul en la cabeza del mismo.

El paseo transcurría de lo más normal. Al lado de Casandro se sentó una gorda señora muy simpática, una especie de radito ambulante, de estas señoras que no se callan ni poniéndole un bozal. La doña le contó sobre toda su familia, su difunto esposo, su hija que ahora reside en Suiza y sus nietos que viven en Estero Hondo, a quienes ella iba a visitar. Luego de una amena conversación que se prolongó desde la salida de la parada hasta la entrada de la Vega, en la cual Casandro solo le decía Si y No, la señora cayó rendida del sueño, inclinando ligeramente su cabeza en el hombro de Casandro. Al principio él trataba de apartarla, pero sin poder moverla, decidió dejarla sobre su hombro. La señora roncaba bajito, cosa que no molestaba a Casandro.

Casandro sintió un frío que iba desde el cuello hasta el hombro de su camisa, no se había percatado que la doña dormía con la boca abierta, babeándole asquerosamente su camisita dominguera. Después de que Casandro se moviera bruscamente y con cara de asco, la señora despertó y se secó la boca con la manga de su blusa, pidiéndole mil disculpas a Casandro y ofreciéndole su pañuelo a lo que Casandro se negó y le dijo que esas cosas pasaban, que no se preocupara. Por suerte ya llegaban a Puerto Plata y la señora por vergüenza, decidió sentarse delante para salir de primero.

Al ver que su prima Santa no lo fue a recoger a la parada, Casandro decidió coger un motoconcho. El diestro piloto de moto le preguntó a Casandro que si el viaje lo que quería con lagrimas o sin lagrimas, (Definición: Con lágrimas, es el chofer manejando su motor, jorobado, con la cabeza hundida entre sus hombros, para que el pasajero se coja toda la brisa y que le dé directamente en la cara. Las lagrimas que le salen son proporcionales con la velocidad del bólido de dos ruedas. Cabe destacar que el pasajero NO PUEDE usar casco protector). Casandro decidió hacer su placentero viaje “con lágrimas” para tratar de que la brisa le secara la baba del hombro de su camisa tornasol.

Finalmente llegó al lugar donde había reservado, Hotel El Encuentro. Había escogido este lugar por recomendación de Kike, que había ido antes con una novia de esas invisibles que nadie conoce nunca. Hotel El Encuentro es un peculiar lugar, frente el malecón de Puerto Plata, donde está ubicada Long Beach, una de las playas más hermosas que Colón haya visto. En la primera planta, hay un pica-pollo chino, que sólo trabaja durante el día, ya que en la noche se transforma en una discoteca turística, con servicios masajes eróticos para los clientes que así lo deseen y un show de travestis los jueves picantes, que suelen ser los últimos de cada mes. En la segunda planta se encuentra el lobby, rodeado de habitaciones. Cuando llegó Casandro al lobby le pasó por el frente un caballero en toallas, que salía de unos de los baños comunes del lugar. En el lobby se trabajan dos tandas, de 6:00 a.m. a 6 p.m., que labora Fellito, un señor de pequeño tamaño, nativo de la comunidad de Yásica y en la tanda de las 6:00 p.m. a 6 a.m. está Ursula, conocida en la zona por ser “Madame” de las más prestigiosas chicas de Valverde Mao, Esperanza y Laguna Salada. Ursula es del popular barrio de Mao, llamado Carlos Daniel.



Casandro le pidió a Fellito que le diera la habitación con mejor vista al mar, que obligatoriamente tuviera baño privado y preferiblemente en la última planta, donde pudiera estar en contacto con la puesta del sol en las tardes y las estrellas en la noche. Fellito le contestó que estaba de suerte, ya que hacia unas horas habían desocupado la habitación matrimonial, la única en la ultima planta. Los últimos en usarla fueron una pareja de Tenares que fueron a pasar su luna de miel.

Casandro sería guiado a su cuarto por el botones, (sí, este hotel tiene botones), Don Mirto, uno de los fundadores de El Encuentro en 1958. Tenía en este lugar más de 60 años trabajando, desde que tenía 9, cuando era ayudante de limpieza. Había sobrevivido a cuatro cambios de propietarios y a la crisis de Hipólito. Era 17 veces ganador del empleado del año y 346 como empleado del mes.

Casandro y Don Mirto subieron hasta la cuarta planta por unas estrechas escaleras, por supuesto, Casandro era quien cargaba su propio equipaje. Pasaron por un oscuro pasillo donde se topó con una pareja de jóvenes haciendo de las suyas y doblaron a la derecha, donde caminaron por otro oscuro pasillo, por el cual llegaron a una puerta de madera. Don mirto abrió esta puerta, la cual llevaba hasta el techo del hotel, por una escalera oxidada tipo caracol.

Al llegar al techo, fue cuando una extraña luz iluminó los ojos de Casandro, por fin había llegado a la habitación 501. Su fachada era exactamente como se la había descrito Kike, con la mecedora frente a la puerta y una mesa donde poner los tragos y subir los pies. Casandro hacía mente de este lugar como un refugio para relajarse y disfrutar del excitante placer de la soledad, donde sacaría de adentro toda su escritura de poeta maldito.

La 501, era parte de un proyecto de anexos del hotel, el cual nunca fue terminado, por lo que ésta era una solitaria habitación en el techo, pero con la mejor vista al mar de todos los hoteles y hostales de Puerto Plata.

Al Don Mirto abrir la puerta de la habitación, la primera impresión de Casandro fue de un lugar deprimente. En ese momento cayeron los bonos y la ilusión. Encontró en el interior una cama sándwich, una silla multiposiciones de las de las cabañas, un cajón para meter la ropa, dos sillas de plástico y un nuevo testamento. En el baño, una cubeta con agua con un envase de mantequilla dentro para poder ducharse. Un inodoro sin agua, tipo letrina, ya que los desperdicios bajaban directamente a la parte de atrás del hotel donde estaban los zafacones. La mala higiene de la pareja de Tenares fue otro factor en contra de Casandro. Condones usados decoraban el lugar, uñas cortadas y servilletas y papeles sucios. Casandro le dio a Don Mirto dos horas y RD$200.00 pesos para que limpiaran bien la habitación. Casandro dio media vuelta y dejó a Don Mirto en el lugar, esperando verlo diferente cuando regresara.

Eran las 6:00 de la tarde, Casandro bajó al restaurant, ya estaban cambiándolo para discoteca. Se sentó en una de las mesas y pidió un ron con soda. Entre el ruido de los empleados moviendo las mesas y el ladrido de un perro que estaba en la acera del frente, buscó inspiración para comenzar con sus relatos, poemas o cuentos. Al principio era difícil, quería escribir algo que le hubiera sucedido en los últimos días, pero no le llegaba nada a la mente. Finalmente concentrado, una vaga idea fluía en su cerebro, pero como cosa del destino, algo le desvió la atención. Una sombra tapaba su cuaderno, levantó la cabeza lentamente y veía unos sensuales muslos, un abdomen escultural, unos senos de curvas mieles y una cara de koala, era horrible, pero su cuerpo compensaba su feura.

La chica koala le dijo: -Hola, me llamo Edeliz ¿Puedo sentarme contigo?.