jueves, 9 de octubre de 2008

Casandro y los Senderos de la Venganza

Casandro le devolvió la llamada a la china Dulce, con mucha vergüenza le contó lo que le había sucedido, pero ella no le creía nada, más bien pensaba que la noche en la disco era un encuentro pasajero y que él no se recordaba de ella. Casandro la invitó a su casa, para que pasara a verlo, para que ella se convenciera del todo. Dulce, que se había llevado una buena impresión de Casandrito, le pidió su dirección y prometió pasar un rato por su morada. Yanilca, que estaba en casa de Casandro en ese preciso momento, estuvo todo el tiempo “comiendo boca”. Se puso muy molesta, totalmente cabreada. En su mente, no existía la posibilidad de que Casandro hablara con otra mujer. Yanilca entendía que ella debía ser la elegida, era ella quien estaba a su lado cuando él necesitaba un soporte y era ella que lo ayudaba con sus necesidades y antojos. Yanilca le cocinaba sopas y le preparaba su magusito de cena, también lo arropaba por las noches, era la de ella la primera cara que veía cuando él se levantaba en las mañanas. Todo esto en la búsqueda de su amor, para ella Casandro es su amor platónico, su amor de telenovelas.

Terminada su llamada con Dulce, Casandro pensó en llamar a Jhonaica, pero no lo hizo. No estaba de ánimo para escuchar reproches de una mujer que había dejado en Boca Chica a mediados de la noche. La verdad es que Jhonaica era cosa del pasado en la vida de Casandro, su norte era ahora Dulce.

Jhonaica era una persona completamente cambiada, llena de ira y con sed de venganza. Nunca dejaba de pensar en Casandro. Habían pasado meses desde la noche que él la dejó botada. Ella no recuerda con exactitud que pasó después que el se fue. Lo que pasó esa noche, minutos después de la partida de Casandro, fue una escena sacada de una película de terror. Jhonaica fue abordada por la desesperación y la rabia, como un perro realengo peleándose por una perra en calor. No podía creer que la habían dejado en el medio de la nada, a esa hora de la noche y teniendo que pagar la totalidad del consumo.

El estrés fue inmenso, tan grande que le entró un hambre voraz. Ordenó un pescado de libra y media, paella mixta, pulpo a la vinagreta, salpicón de mariscos y una botella de vino de la casa. El festín de la gula fue infernal. Habían más desperdicios de moluscos y mariscos que en el Holandés Errante. Fue una masacre de animalitos indefensos del mar. Terminó, respiró profundo tres veces, se desajustó la ropa y se puso de pié. Con titubeante andar, logró entrar al baño de damas, de donde no salió por sus propias fuerzas nunca más. Una empleada de limpieza la encontró desmayada, cerca del inodoro, con la cara pálida y el rimel corrido hasta el pecho de tanto llorar. Su cabellera y sus ropas estaban sucias de vómito reciente. La sacaron rápidamente del baño y la llevaron a la recepción, donde le untaron berrón y la acostaron con los pies hacia el techo, pero no volvía en sí, ni se notaba ninguna mejoría.

Buscaron en su celular a alguien a quien llamar. La primera persona que estaba en su directorio era Alberto Frías, a quien marcaron de inmediato. Alberto, ex-novio de Jhonaica, estuvo con ella por algo más de un año y nunca dejó de quererla. La extrañaba cada día. Alberto le guardaba rencor a Jhonaica, por la forma como ella decidió dar por terminada su relación. Era un sentimiento de amor-odio.

Al recibir la llamada del personal del restaurant, Alberto no dudó ni un segundo en ir al lugar. Sentía un cosquilleo en el estómago mientras conducía, por teléfono no le supieron explicar bien que era lo que pasaba. Duró tres horas y media en llegar al lugar, pero estando ahí, inmediatamente se hizo responsable de Jhonaica y pagó la cuenta, algo más de treinta mil pesos dominicanos. Jhonaica, inconciente, fue llevada a un hospital por Alberto, donde guardó reposo durante un día. Alberto no se separó de ella ni un segundo.

Al darle el alta del hospital, Alberto le propuso a Jhonaica que se fuera a vivir a Higüey con él, donde había puesto un negocio de venta ranchera a colmados y minimercados. Con esto, Alberto no buscaba ayudarla, más bien quería quitarse esa espinita que tenía clavada, por ella dejarlo cuando él más la quería. Jhonaica lo pensó por unos minutos. Como no tenía nada que perder, creyendo que el destino la había vuelto a juntar con Alberto, le dijo que sí y emprendieron el viaje hacia la distante provincia La Altagracia.

La contrató como su secretaria personal. Eran constantes las propuestas sexuales a las que ella accedía por parte de Alberto y los constantes descuentos en su salario, hasta que ella pagara la totalidad de la cuenta del restaurant y del hospital. Terminada la deuda, Jhonaica fue cancelada por caja chica. Sintiéndose usada y decepcionada, se acercó llorando donde su ex-jefe, ex-novio Alberto, y le dijo que se quería quedar con él, trabajando en su empresa. Se arrodilló y le dijo que ella no quería volver a Santo Domingo, que deseaba pasar su vida con él. Alberto, sínico y lleno de sarcasmo, con extremada paciencia, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón, dos pesos, se los tiró a Jhonaica, y le dijo: -Eso es lo que vales para mí, puta desagradecida -, le cortó la mirada y le señaló la puerta.

Así fue como Jhonaica cayó en el infierno de su realidad, su vida estaba llena de sufrimiento, quizás pagando maldades y desacatos de cosas que había hecho en el pasado. Abandonó Higüey ese mismo día, sin dinero suficiente para irse en guagua, pidiendo bolas en la autopista, montándose en la parte de atrás de camionetas y motores, caminando cuando nadie se apiadaba de ella. Mientras más caminaba, más sudaba, más se quemaba su piel y más lucha pasaba. Su piel estaba tan oscura, que dos veces fue atrapada en redadas en los batelles del este, llegándola a subir en la camiona y poniéndole a decir la palabra perejil. Los policías de la camiona, le dijeron que para dejarla ir en libertad, tenía que hacerle un “blow job” a uno de ellos. Cuando por fin logró pasar a Boca Chica, recordó que todo esto le había pasado por la culpa de Casandro y sus trastornos mentales se multiplicaron por diez. No entendía como una jevita cool, tipo “o sea” , que todo lo conseguía, pudiera convertirse en una trabajadora sexual, humillada y pisoteada.

Finalmente llegó a su casa en River Side, donde encontró una foto de ella y una cruz en el jardín de su casa, donde la daban por muerta. Su madre, que salía en el preciso momento en que ella llegaba, cayó dura, de espaldas, al ver a su hija que creía estaba en el cielo. Jhonaica estaba completamente negra, despeinada y llena de mugre y sucio. Al caerse la señora en al piso, el padre de Jhonaica fue a socorrerla, pero al ver a su hija, se arrodilló y le dio gracias a Dios por devolverle su princesa. Su madre volvió en sí y la abrazó, Jhonaica retiró la cruz y la foto del jardín y les dijo a sus padres que había vuelto, que la vida la había dado una lección y que era una persona cambiada, más madura, con metas fijas y claras.

Jhonaica se dio un buen baño, fue al salón del barrio y se puso una de sus mejores ropitas, para sentirse de vuelta y llena de vida.

Hacía mucho tiempo que no se recostaba en su cama, la cual encontró más cómoda que de costumbre, su madre le sirvió un juguito de jagua con mucho hielo y le pidió que le contara lo que le había sucedido. Jhonaica inventó que se había ido en yola a Puerto Rico y que durante el trayecto pasaron muchas pruebas que le había puesto el Señor, incluyendo un tiburón que saltó a la yola y mordió a uno de los viajantes. Su madre le creyó todo el cuento menos la parte del tiburón. La doña entendió que su hija había vuelto con severos daños en su cabeza.

Durante una semana Jhonaica desarrolló un plan de humillación y venganza, dirigido hacia dos objetivos, Casandro y Alberto.

En Las Caobas, a Yanilca también le llegó la idea de está desarrollar un plan, muy distinto al de Jhonaica, basado en estrategias para conquistar a Casandro y sacar a la china Dulce de circulación.

Casandro por su parte, desarrollaba un plan para que la china Dulce se enamorara de él y la china desarrollaba un Plan de Marketing, de la empresa donde trabaja.

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