lunes, 20 de octubre de 2008

Casandro y la Descomunal Huelga de Talibanes Dominicanos

Ha llegado a Las Caobas un lujoso vehículo, con vidrios tintados de negro, se dirige lentamente a la casa de Casandro. Unas delicadas manos tocan la puerta. Yanilca la abre y se queda fría. Ahí estaba, por primera vez de frente con su adversaria, Presidente vs Quisqueya, Marlboro vs Constanza, Licey vs Escogido, la china Dulce vs Yanilca. La flaca de Las Caobas la miró con mucha envidia, le llamaba la atención su relojito DKNY, y sus lentes D&G. Dulce era mucho más linda de lo que ella había imaginado.

Cortésmente, la china la saludó y preguntó por Casandro. Yanilca, con tigueraje pesao y agresivo, le dijo que no se encontraba, que volviera después si quería verlo. En ese mismo instante Casandro llamó a Yanilca, desde su habitación, para que lo ayudara a depilarle la espalda. Yanilca puso cara de boba sorprendida y se disculpó con Dulce, diciéndole que no sabía que Casandro estaba en la casa, que quizás había entrado por la puerta de atrás. Ni tonta que fuera Dulce, inmediatamente se dio cuenta que algo raro había en el ambiente. Yanilca fue a decirle a Casandro que lo visitaba la hija de Jackie Chang, éste de inmediato se puso su camiseta de “Jordan 23” y unas chancletas marcas Ñike, (falsificación de nike hechas en la zona franca de LA, Los Alcarrizos).

La china le llevó a Casandro un helado probiótico y un muñequito de esos que agarran un letrerito que decía “Que te mejores pronto”. Casandro le había guardado a la china una jugo de pera-piña y unas galletitas de avena. Dulce no duró mucho en casa de Casandro, la estaba pasando bien, conversando con él y poniéndose al día, pero no se sentía a gusto con la presencia de Yanilca, que a menudo pasaba por la sala donde estaban sentados, haciendo sonidos raros con una mano debajo del sobaco y rascándose la garganta “por dentro”. Intercambiaron correos electrónicos y ella le dio el número de su flota y el teléfono de la villa en Guabaverry.

Dulce se despidió con mucho cariño y se montó en su carro. Pasados cinco minutos, la china regresó a casa de Casandro, tocando la puerta agitadamente. Casandro abre y encuentra la china muy asustada, más blanca que de costumbre. Dulce le dice que cuando intentaba salir del barrio, unos tigueres le cerraron el paso en la calle con unas carretillas y se acercaron a su carro con botella en mano. Cuando bajó el vidrio por la mitad, le dijeron que no podía pasar por ahí a menos que pagara peaje. Fue cuando vió dos tigueres más que venían con piedras y bates hacia su carro y decidió dar reversa y volver a casa de Casandro. Cuando Dulce volteó a su derecha, se sorprendió de lo que estaba viendo, parecía película de Rambo, gomas ardiendo, las calles eran un mar verde de botellas rotas y los tigueres con caras tapadas versión talibanes.

Había huelga general por falta de agua en Herrera y zonas aledañas, entre las que se destacaban Las Palmas, El Olimpo, La Galaxia, El Abanico, La Venta, Las Caobas y Las Caobitas. Los tigueres cantaban “Huelga, huelga que siga la huelga, vamo a darle huelga a esta gente hasta que amanezca”. Casandro le dijo a Dulce que guardara su carro en la marquesina, detrás de su flamante Mercury y que no se preocupara, que en media hora llegaba la policía y lo peor que podía pasar era que tiraran una lacrimógena a la casa. Yanilca, acostumbrada a todo este reperpero, estaba doblada de la risa burlándose de Dulce. Llegó la policía y comenzó la verdadera guerra civil dominicana, a base de piedras, botellas, lacrimógenas, latas, gomas, martillos, machetes, cinceles, clavos, grapas y mucho ron.

Entre tanto lío, suena el teléfono en la casa, Casandro lo toma con la esperanza de que fuera su madre, para advertirle que no fuera al barrio en ese momento. Era Jhonaica, pero Casandro no la escucha bien por el bullicio exterior y cierra el teléfono. Casandro abrazaba a Dulce y le decía que no tuviera miedo, que él no iba a permitir que nada le pasara. Casandro escuchó unas explosiones por el patio de su casa y fue a cerrar la puerta trasera con candado. Fue cuando Yanilca, que explotaba de celos, agarró a Dulce por una mano y la llevó a la fuerza hasta la entrada de la casa. Al momento de abrir la puerta para sacar a la china, Yanilca solo vió un objeto que venía directamente hacia ella…todo se puso negro. Un espectacular y tremendo peñón a gran velocidad, lanzado desde la acera del frente, impactó la boca de Yanilca, dejándola con un solo de los de adelante para poder masticar. Yanilca, con torpeza, comenzó a recolectar los pedazos de dientes que veía en el piso, acompañada de dos tremendas patadas que la dejaron sin aire, propinadas por Dulce. Yanilca se paró, le dio una galleta a Dulce y ésta le respondió con un codazo entre los ojos. Casandro que volvía a la sala en ese momento, no sabía si quedarse viendo la escena o desapartarlas, cuando de repente se dio cuenta que no tenia que hacer ninguna de las dos. Yanilca salió huyendo a la habitación y la cerró con seguro. Dulce le dijo a Casandro que él era un sinvergüenza por haberla hecho ir a su casa estando casado y salió hacia su carro en medio de bombas de la policía y piedra de los tigueres. Arrancó como si fuera un dragueo en las Américas, llevándose de por medio a dos de los tigueres, un cabo de la policía y un viejo que andaba con una olla en la cabeza que le servía de casco protector.

Casandro estaba más sorprendido que enfurecido. Se dirigió a la habitación donde estaba Yanilca y le pidió que abandonara la casa desde que terminara la huelga. Yanilca con una fundita llena de dientes y un ojo morado, le declaró por primera vez su amor a Casandro. Se acercó, le dio un beso en la boca el cual no fue recíproco y salió de la habitación. Cuando la policía logro calmar el ambiente, Yanilca abandonó la casa. Casandro le mandó un e-mail a Dulce, que no le tomaba el celular, explicándole la verdad de lo sucedido.

No pasó nada de importancia hasta llegar la noche, cuando sonó el teléfono, otra vez era Jhonaica. Esta vez si hablaron, ella con voz ñoña le dijo a Casandro que todavía sentía un poco de rabia por lo que le había hecho, pero que ella se había dado cuenta de sus errores y que le gustaría intentarlo una vez más con él. Casandro no podía creerlo, era su día de grandes sorpresas, primero una vecina psicópata enamorada, luego una china con carácter de Hulk que le atraía y ahora el regreso de la pulidora from River Side, una loca que él había dejado botada hacía unos meses, pidiéndole ahora una nueva oportunidad. Casandro le dijo que por parte de él no había ningún problema y que le devolvería la llamada para juntarse despues.

Así fue como comenzó un juego que él llamaría el “Casandro Sweepstakes” , en el cual iba a salir con las tres participantes y al final se iba a quedar con la que más se apegara a sus gustos y sus sentimientos. El primer objetivo era recuperar la confianza perdida con la china Dulce, su favorita.

Luego de doce e-mails, entre los cuales habían cartas de amor y las letras de la canción “Porque me falta todo” de Félix D’Oleo, Dulce le respondió un mail a Casandro, diciéndole que no le interesaba nada con él y que por favor la dejara en paz. Casandro no se iba a rendir, pero decidió seguir con otra de las participantes para luego retornar con Dulce.

Se decidió por Yanilca, por la proximidad de sus viviendas, pero cada vez que iba a la casa de ella, su madre no le permitía verla. Casandro se metió por el callejón parte atrás de la casa de Yanilca y le tocó por la ventana. Al abrirla, ahí estaba ella, más flaca que de costumbre, a base de sopita por no poder masticar nada. Yanilca le dijo a Casandro que él era un malagradecido y que no quería verlo más. Por su culpa tenia que esperar varios meses hasta tener todo el dinero para hacerse una prótesis dental. Casandro le prometió que si le daba una oportunidad de volver a su vida, le iba a llevar puré de papas todas las semanas y que la iba a ayudar moralmente en el momento de que le pongan sus dientes. Yanilca le trancó la ventana y le dijo que se fuera al diablo.

Solo quedaba la que menos le interesaba, Jhonaica. Casandro tenía un mal presentimiento de ella, pero decidió continuar con su juego, ya que las otras dos no estaban en él en esos días.

jueves, 9 de octubre de 2008

Casandro y los Senderos de la Venganza

Casandro le devolvió la llamada a la china Dulce, con mucha vergüenza le contó lo que le había sucedido, pero ella no le creía nada, más bien pensaba que la noche en la disco era un encuentro pasajero y que él no se recordaba de ella. Casandro la invitó a su casa, para que pasara a verlo, para que ella se convenciera del todo. Dulce, que se había llevado una buena impresión de Casandrito, le pidió su dirección y prometió pasar un rato por su morada. Yanilca, que estaba en casa de Casandro en ese preciso momento, estuvo todo el tiempo “comiendo boca”. Se puso muy molesta, totalmente cabreada. En su mente, no existía la posibilidad de que Casandro hablara con otra mujer. Yanilca entendía que ella debía ser la elegida, era ella quien estaba a su lado cuando él necesitaba un soporte y era ella que lo ayudaba con sus necesidades y antojos. Yanilca le cocinaba sopas y le preparaba su magusito de cena, también lo arropaba por las noches, era la de ella la primera cara que veía cuando él se levantaba en las mañanas. Todo esto en la búsqueda de su amor, para ella Casandro es su amor platónico, su amor de telenovelas.

Terminada su llamada con Dulce, Casandro pensó en llamar a Jhonaica, pero no lo hizo. No estaba de ánimo para escuchar reproches de una mujer que había dejado en Boca Chica a mediados de la noche. La verdad es que Jhonaica era cosa del pasado en la vida de Casandro, su norte era ahora Dulce.

Jhonaica era una persona completamente cambiada, llena de ira y con sed de venganza. Nunca dejaba de pensar en Casandro. Habían pasado meses desde la noche que él la dejó botada. Ella no recuerda con exactitud que pasó después que el se fue. Lo que pasó esa noche, minutos después de la partida de Casandro, fue una escena sacada de una película de terror. Jhonaica fue abordada por la desesperación y la rabia, como un perro realengo peleándose por una perra en calor. No podía creer que la habían dejado en el medio de la nada, a esa hora de la noche y teniendo que pagar la totalidad del consumo.

El estrés fue inmenso, tan grande que le entró un hambre voraz. Ordenó un pescado de libra y media, paella mixta, pulpo a la vinagreta, salpicón de mariscos y una botella de vino de la casa. El festín de la gula fue infernal. Habían más desperdicios de moluscos y mariscos que en el Holandés Errante. Fue una masacre de animalitos indefensos del mar. Terminó, respiró profundo tres veces, se desajustó la ropa y se puso de pié. Con titubeante andar, logró entrar al baño de damas, de donde no salió por sus propias fuerzas nunca más. Una empleada de limpieza la encontró desmayada, cerca del inodoro, con la cara pálida y el rimel corrido hasta el pecho de tanto llorar. Su cabellera y sus ropas estaban sucias de vómito reciente. La sacaron rápidamente del baño y la llevaron a la recepción, donde le untaron berrón y la acostaron con los pies hacia el techo, pero no volvía en sí, ni se notaba ninguna mejoría.

Buscaron en su celular a alguien a quien llamar. La primera persona que estaba en su directorio era Alberto Frías, a quien marcaron de inmediato. Alberto, ex-novio de Jhonaica, estuvo con ella por algo más de un año y nunca dejó de quererla. La extrañaba cada día. Alberto le guardaba rencor a Jhonaica, por la forma como ella decidió dar por terminada su relación. Era un sentimiento de amor-odio.

Al recibir la llamada del personal del restaurant, Alberto no dudó ni un segundo en ir al lugar. Sentía un cosquilleo en el estómago mientras conducía, por teléfono no le supieron explicar bien que era lo que pasaba. Duró tres horas y media en llegar al lugar, pero estando ahí, inmediatamente se hizo responsable de Jhonaica y pagó la cuenta, algo más de treinta mil pesos dominicanos. Jhonaica, inconciente, fue llevada a un hospital por Alberto, donde guardó reposo durante un día. Alberto no se separó de ella ni un segundo.

Al darle el alta del hospital, Alberto le propuso a Jhonaica que se fuera a vivir a Higüey con él, donde había puesto un negocio de venta ranchera a colmados y minimercados. Con esto, Alberto no buscaba ayudarla, más bien quería quitarse esa espinita que tenía clavada, por ella dejarlo cuando él más la quería. Jhonaica lo pensó por unos minutos. Como no tenía nada que perder, creyendo que el destino la había vuelto a juntar con Alberto, le dijo que sí y emprendieron el viaje hacia la distante provincia La Altagracia.

La contrató como su secretaria personal. Eran constantes las propuestas sexuales a las que ella accedía por parte de Alberto y los constantes descuentos en su salario, hasta que ella pagara la totalidad de la cuenta del restaurant y del hospital. Terminada la deuda, Jhonaica fue cancelada por caja chica. Sintiéndose usada y decepcionada, se acercó llorando donde su ex-jefe, ex-novio Alberto, y le dijo que se quería quedar con él, trabajando en su empresa. Se arrodilló y le dijo que ella no quería volver a Santo Domingo, que deseaba pasar su vida con él. Alberto, sínico y lleno de sarcasmo, con extremada paciencia, sacó de uno de los bolsillos de su pantalón, dos pesos, se los tiró a Jhonaica, y le dijo: -Eso es lo que vales para mí, puta desagradecida -, le cortó la mirada y le señaló la puerta.

Así fue como Jhonaica cayó en el infierno de su realidad, su vida estaba llena de sufrimiento, quizás pagando maldades y desacatos de cosas que había hecho en el pasado. Abandonó Higüey ese mismo día, sin dinero suficiente para irse en guagua, pidiendo bolas en la autopista, montándose en la parte de atrás de camionetas y motores, caminando cuando nadie se apiadaba de ella. Mientras más caminaba, más sudaba, más se quemaba su piel y más lucha pasaba. Su piel estaba tan oscura, que dos veces fue atrapada en redadas en los batelles del este, llegándola a subir en la camiona y poniéndole a decir la palabra perejil. Los policías de la camiona, le dijeron que para dejarla ir en libertad, tenía que hacerle un “blow job” a uno de ellos. Cuando por fin logró pasar a Boca Chica, recordó que todo esto le había pasado por la culpa de Casandro y sus trastornos mentales se multiplicaron por diez. No entendía como una jevita cool, tipo “o sea” , que todo lo conseguía, pudiera convertirse en una trabajadora sexual, humillada y pisoteada.

Finalmente llegó a su casa en River Side, donde encontró una foto de ella y una cruz en el jardín de su casa, donde la daban por muerta. Su madre, que salía en el preciso momento en que ella llegaba, cayó dura, de espaldas, al ver a su hija que creía estaba en el cielo. Jhonaica estaba completamente negra, despeinada y llena de mugre y sucio. Al caerse la señora en al piso, el padre de Jhonaica fue a socorrerla, pero al ver a su hija, se arrodilló y le dio gracias a Dios por devolverle su princesa. Su madre volvió en sí y la abrazó, Jhonaica retiró la cruz y la foto del jardín y les dijo a sus padres que había vuelto, que la vida la había dado una lección y que era una persona cambiada, más madura, con metas fijas y claras.

Jhonaica se dio un buen baño, fue al salón del barrio y se puso una de sus mejores ropitas, para sentirse de vuelta y llena de vida.

Hacía mucho tiempo que no se recostaba en su cama, la cual encontró más cómoda que de costumbre, su madre le sirvió un juguito de jagua con mucho hielo y le pidió que le contara lo que le había sucedido. Jhonaica inventó que se había ido en yola a Puerto Rico y que durante el trayecto pasaron muchas pruebas que le había puesto el Señor, incluyendo un tiburón que saltó a la yola y mordió a uno de los viajantes. Su madre le creyó todo el cuento menos la parte del tiburón. La doña entendió que su hija había vuelto con severos daños en su cabeza.

Durante una semana Jhonaica desarrolló un plan de humillación y venganza, dirigido hacia dos objetivos, Casandro y Alberto.

En Las Caobas, a Yanilca también le llegó la idea de está desarrollar un plan, muy distinto al de Jhonaica, basado en estrategias para conquistar a Casandro y sacar a la china Dulce de circulación.

Casandro por su parte, desarrollaba un plan para que la china Dulce se enamorara de él y la china desarrollaba un Plan de Marketing, de la empresa donde trabaja.