sábado, 20 de septiembre de 2008

Casandro y los muchachos del pitoleo

Eran las 11:18 de la noche, miércoles de un caliente verano...

Casandro paseaba en su coche por la Isabel Aguiar, cuando se escucha “La Culebra de Tulile”, el nuevo ringtone de su celular. Al otro lado del teléfono nada más y nada menos que El Yofre, su amigo, casi hermano, con quien comparte desde los 7 años. Se pusieron de acuerdo para ir al “miércoles universitario” en Schizo, porque esa noche le tocaba organizar la fiesta en la discoteca a Tomás Nicolás, el que tiene “más papeletas” del grupo. Tomás Nicolás, es un muchacho bien parecido, con facilidades para socializar y para los negocios. Tomás estudió en el San Juan Bautista, pero lo botaron en segundo de bachillerato, por un lío con su profesor de historia y economía, el señor Paniagua, cuando lo agarró robándose los exámenes del mes. Pasó un año en el Pedagógico, en donde no le renovaron la inscripción para el cuarto de bachillerato. Terminó sus estudios en el centro de enseñanza El Buen Pastor. El papá de Tomás, posee transparentes negocios en Baní, como son un restaurant de comida colombiana y una empresa de paseos en lanchas para turistas, tiene también una ambulancia en la comunidad de Paya, la cual da servicios hasta Elías Piña, de ahí su bonanza económica y la falta de interés por los estudios de su hijo.

Casandro le dijo al El Yofre que le diera 40 minutos en lo que iba a su casa a bañarse y a ponerse su pinta caché matadora de la noche, camisa morada con espermatozoides estampados, pantalones color mostaza y correa y zapatos blancos, punta de pica hielo.

Después de bañarse y cambiarse, Casandro esparció colonia Bien Etre por su cara y salió de su casa decidido a ligar esa noche. Encendió su flamante Mercury, puso un casette de Canita Mix y se dirigió a casa de El Yofre, donde esperaban también a Kike y a Rodrigo, sus amigos del jangueo y el pitoleo. Cuando llegaron a Schizo, veian como se devolvían de la puerta de la disco unos muchachos del barrio. Llegaron a la entrada y el portero De la Paz, los miró de arriba abajo. Muy calmado les dijo -cédula caballeros- y comprobó que eran mayor de edad. Como les vió pinta de que no iban a consumir ni un centavo, les dijo que no podía dejarlos entrar porque era una fiesta privada. Tremendo problema, ¿Qué dirán las nenas cuando los vean haciendo yuca en la puerta?. Seguían tratando de convencer a De la Paz que los dejara entrar, porque ellos conocen al dueño de la fiesta. Después de 10 minutos parados en la entrada, (parecían los muñecos que vendían en la Lincoln con 27), lograron divisar adentro a Tomás Nicolás.

El Yofre, que es el más freco y agentao de todos (y el más chiquito), se guilló con unas mujeres que iban entrando. Cuando De la Paz se dio cuenta, mandó inmediatamente a su ayudante a sacarlo, pero ya El Yofre estaba cerca de Tomás Nicolás. El ayudante llegó donde estaban y le dijo a El Yofre que lo acompañara a la salida, a lo que El Yofre le dijo que el era un freco y que no se atreviera a ponerle la mano arriba. El Yofre le dijo a Tomás que lo que habían hecho afuera con él y sus amigos esos maleantes era una injusticia, un acto racista, clasista y socialista. Tomás, furioso, le llamó la atención al ayudante y lo relevó del puesto, mandándolo a cuidar los carros en el parqueo. Tomás salió y le dijo a De la Paz que dejara entrar a los muchachos.

Ya adentro, entre la oscuridad, las lucecitas de colores, la música estridente y el humo de la discoteca, Rodrigo y Casandro se estacionaron en el borde de la pista, cada uno con su trago de White Label, el cual les tiene que durar la noche entera (solo le echan hielo cuando el whisky baja de la mitad del vaso) buscando cuidadosamente la prospecta indicada para morder el anzuelo y caer en la trampa. Casandro no le perdía la vista a un grupo de mujeres que bailaban en la pista, haciendo una ronda. La que más le llamaba la atención era una chinita que se movía más que la licuadora de Eddy Herrera. Casandro esperó que se esparciera la ronda y se dirigió sin vacilar a ella, la saludó como todo un caballero, le dijo que se llamaba Casandro y que quería bailar con ella, a lo cual accedió.

Le preguntó su nombre y le dijo que se llamaba Dulce. Casandro suspiró y en su cabeza pensó – ¡Que linda la china Dulce!-.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto como termina???