lunes, 19 de octubre de 2009

Casandro y el Inolvidable Encuentro Amoroso Sensacional

Casandro se levanta temprano, por fin llega el día cuando se va a ver con la china Dulce, se afeita y se pone una camisilla blanca cuello v, con unos jeans tubitos. En una funda de supermercado entra una revista GQ, una camisa, una toalla pequeña y otra camisilla. Se dirigió a primera hora al semáforo a comprar una rosa y unos clorets. Tomó un carrito publico y se bajó en una esquina, donde caminó 4 cuadras. Cuando llegó a la plaza, fue directo al baño, donde se secó el sudor de la espalda y la cara, se cambió la camisilla, se puso la camisa guardada y abrió la revista en una página donde había una muestra de perfume, se estregó la pagina por la cara y el cuello, botó la funda con la camisilla y la toalla y se fue al lugar de encuentro.

Estaba muy nervioso, ansioso de encontrarse con la china, de verse cara a cara. Casandro, sumamente emocionado, se reía solo. Agarraba con su mano derecha la rosa roja, muy firme. Cada 30 segundos veía el reloj, cuyas agujas caminaban mas lento que de costumbre. Eran las 10:00 de la mañana de un tranquilo domingo en la capital dominicana. Él, esperaba sentado en el área de la comida de la plaza, donde sólo habían abierto un par de establecimientos. La china Dulce, como venía de La Romana, tuvo unos percances en el camino, por lo que llegó un poco más tarde de lo pautado, dos horas más tarde, lo suficiente para impacientar tanto a Casandro hasta el punto que pensó que lo había dejado plantado. Casandro comenzaba con unas extrañas alucinaciones, creía ver a Dulce en la cara de todas las mujeres que paseaban por la plaza, les decía –Hola mi amor- y hasta le dio un beso a la vieja de la limpieza, por lo que recibió un par escobazos.

La china, con desesperación y prisa, llegó al lugar de encuentro, pero solo encontró encima de una de las mesas, pétalos de rosas y un tallo partido en dos en el piso.

Suspiró.

Se le salió una lágrima, comenzó a temblar y dijo en voz baja, casi murmurando –Por favor Dios, otra vez no, quiero volver a ser feliz y es sólo con él-, se sentó triste en la mesa y comenzó a jugar con los pétalos, llevándolos de un lado al otro de la mesa con una sola mano.

-Excúseme señorita- le dice por detrás una voz muy varonil y con tono de seguridad –Creo que esto es suyo-, al voltearse Dulce, ve a Casandro con un ramo de rosas, una caja de bombones y una camiseta que decía “Yo amo la china, yo amo el dulce, Yo amo a la china Dulce”. La china Dulce brincó de la silla y abrazó a Casandro. Él la tomó de la mano, le declaró su amor puro y eterno, además de felicidad para toda la vida. Ella le respondió con un beso de película y una cara de alegría, se reía tanto que no se le veían los ojitos. Se agarraron las manos y no se volvieron a soltar durante todo el día. Fue el mejor domingo en la vida de Casandro, más especial de cómo lo había planeado. Comieron juntos, ella le daba de su comida y se la ponía en la boca, como si estuviera dándole compota a un bebé, fueron al cine donde la gente los confundía con siameses y después a tomar unos capuchinos frozen y galletas de avena.

Luego de una especial velada, Dulce dejó a Casandro en la puerta de su casa, (ella era la que andaba montada) y le dio un beso de despedida delante de todos los tigueres del barrio, quienes le hicieron una bulla y mandaron a comprar una caja de cerveza para celebrar.

Al llegar a su casa, con un jumo que se dio con los tigueres donde Figueroa, le contó todo a su mamá y le escribió una carta a Dulce, tan romántica que ni el mismo San Valentín se lo hubiera imaginado. Esa noche no pudo dormir de la felicidad. Por eso se desveló y a las seis de la mañana estaba listo para ir a trabajar.

Cuando llegó al trabajo fue como deja vu, otra vez la ferretería estaba llena de pintura, ahora de todos los colores imaginables, los vidrios de la camioneta de entrega de pedidos urgentes, rotos, con las gomas pinchadas y una carta firmada por los espíritus chocarreros. Cuando El Yofre vio esto quedó atónito, con la boca abierta y un pique más grande que los de Peña Gómez. Casandro que sabía lo que había con los espíritus, le contó todo a su jefe, también le dijo que iba a pagar los daños causados, pero El Yofre se negó y le dijo que olvidara el asunto, que él mismo se iba a encargar de resolver todo. También le dijo que se despidiera de Jhonaika, que no la iba a volver a ver en mucho tiempo, porque con El Yofre Abigail Reyes de los Santos y Cepeda, nadie se mete.

En ese momento, se fue la luz de la ferretería, algo normal en el barrio. Pasados unos minutos, El Yofre preguntó que por qué no habían encendido la plata eléctrica, fue en ese momento cuando uno de los empleados va a la oficina y le dice que se han robado la planta y que dejaron una nota que decía –Casandro, nos vamos a encargar de que la oscuridad te acompañe hoy, mañana y siempre, bienvenido al mundo de las tinieblas- firmada por los espíritus chocarreros. El Yofre explotó, y dijo -¡Ya no más, esto hay que solucionarlo ahora mismo! Hizo unas llamadas y se sentó alterado en su escritorio, donde miraba la calle por la ventana y se echaba fresco con un fólder. Casandro salió de la oficina como alma que lleva el demonio y tomó su teléfono.

Una vez en la calle, llamó a Jhonaika y le dijo que ya él lo sabía todo, lo de su tía la bruja, los espíritus chocarreros y su plan de humillación, que si no dejaba sus malas prácticas entonces tendría que actuar por sus propios medios. Jhonaika, que no le tenía miedo, le dijo que ahora es que ella estaba empezando, que se preparara, porque lo que viene es candela, a lo que él le contestó que era la ultima vez que hablaban y que ya la había advertido. Lo que Casandro no sabía es que ya había un complot planeado en contra de Jhonaika y su tía.

Luego de salir del trabajo, Casandro fue a la casa de la china Dulce, su nueva y flamante novia, donde conoció a los padres y hermanos de la china, quienes lo trataron como a uno más de la familia. (¡Oh Casandro como cambia la suerte!). La familia china estaba feliz, Casandro era un poco de color entre tanta hepatitis. Luego de una deliciosa cena se sentaron solos en la sala de la casa, donde degustaron de un delicioso pastel de queso con doble ración de fresas. Casandro le habló a Dulce de planes para el futuro, pero la china no está convencida del todo. Ella le dijo que cojieran las cosas despacio para ver como se va desarrollando todo, también le dijo que el futuro podía traerle muchas sorpresas y que debían estar preparados para cualquier cosa, Casandro le dijo que iba a hacer las cosas como ella decía, aunque no era lo que él quería. Ella le dijo que lo amaba y que nunca, nunca se iba a separar de él, no importa lo que pasara, siempre iban a estar juntos. Él también le juró amor eterno.

Ella esperó que sus padres se fueran a dormir y que sus hermanos se fueran para la calle, se le acercó, le lamió la oreja, lo tomó de la mano y lo invitó al placer oriental. Subieron las escaleras, ella desvistiéndose y entraron a la habitación de la china, donde hicieron el amor por primera vez, tratando de no hacer mucho ruido para no levantar a los padres. Lo disfrutaron como adolescentes que comienzan a conocer sus cuerpos. Luego lo hicieron por segunda y tercera. Casandro era todo un semental, gracias a una pastillita (por cierto china) que le había regalado El Yofre para situaciones de extra innings.

Al terminar su maratón sexual, bajaron las escaleras con mucho cuidado, sin hacer ruido. De repente se encendieron las luces de la sala, y como por arte de magia aparecieron los padres de Dulce, un silencio incomodo se apoderó del lugar. Los padres hicieron una algarabía y abrazaron a Casandro, diciéndole que ahora si era miembro oficial de la familia. Estuvieron un rato más, conversando todos en la sala, comiendo galletas de la suerte y refresco de coco. Final feliz para la noche, otra espectacular, en su nueva vida de amor infinito.

lunes, 12 de octubre de 2009

Casandro y la luz al final del túnel

Desde la lujosa villa en Romana de una amiga de la universidad, descansa plácida y extasiada la china Dulce, en el jacuzzi, acompañada de una copa llena de Fresita. Ella comparte con un grupo de unas nueve personas, todas de más o menos la misma edad.

Hay dos de los muchachos que desean a Dulce insaciablemente, con distintas intenciones, Lucio, quien dice quererla desde que la vio por primera vez y que Werner que solo quiera ponerla en su lista personal de trofeos. A Dulce le gusta mucho Werner, por el tigueraje y ese aire de casanova, muy por el contrario de Lucio, lo que popularmente se denomina un “palomo”, muy seriecito y caballeroso, algo que casi no se encuentra ya en estos tiempos de vicios y sinvergüencerías.

Ella esta decidida a pasar la noche con Werner en la villa, desde que su ex-novio se declaro homosexual, ella no ha estado con más nadie, además ya no siente remordimiento con Casandro, porque ella se había acercado y él no había hecho su trabajo de cortejo amoroso. Su corazón está con Casandro, pero sus impulsos sexuales la llevan a Werner, que con excelente reputación de latin lover, deja locas a todas las que ha llevado a la cama.

Casandro, por otro lado, está decidido a volver donde la bruja Maruja, escondido de su madre, para que le explicara sobre cómo deshacerse de los espíritus chocarreros. Ella le había dicho que tenia que buscar a Jhonaica, pero el quería otra solución, una que involucrara a la china Dulce. Cuando iba llegando, vio una cara conocida comprando mentas en un paletero, por lo que decidió esconderse detrás de una carro. Sacó la cabeza y vió a Jhonaica comiéndose una menta de guardia, fue cuando se preguntó ¿Que carajo hace esa tipa aquí? Jhonaica entró donde Maruja, Casandro la siguió con mucho sigilo, sin dejarse ver. Se acerco cuanto pudo, se agachó debajo de una de las ventanas y comenzó a escuchar la conversación de las dos. Jhonaica saludó a Maruja, le pidió la bendición y le pregunto que cómo iba el plan.

Maruja le contestó a Jhonaica –Sobrinita, todo va de acuerdo a lo planeado, en menos de lo que canta un gallo, tendrás tu hombre de vuelta, los muchachitos contratados están haciendo maldades afirmando que son los espíritus chocarreros de Las Caobas, él te va a llamar, se siente presionado y cuando esté enamorado podrás botarlo, humillarlo y desacreditarlo delante de sus amigos. Así no se le va a olvidar que no se puede meter con mi sobrina bella-

- ¿Como es la vaina? ¿O sea que lo de los espíritus es puro cuento? ¿Ella es sobrina de la bruja? ¡Casandro tu si eres bruto! tan grande y creyendo en fantasmas – Se decía Casandro a si mismo. Se fue calladamente y no dejó que nadie lo viera. Por un lado estaba muy contento, porque no tenia que volver con Jhonaica, pero por otro lado muy triste, porque ella había vuelto a su vida.

Casandro llamo a El Yofre, le contó todo lo sucedido y él le dijo que no se preocupara que algo se le iba a ocurrir. También le recomendó que dejara todos sus problemas atrás y que disfrutara de un jugoso aumento de sueldo, ya que después de revisar los numeritos de la ferretería se dio cuenta que las ventas habían duplicado, los cobros mejorado y la clientela estaba feliz. El Yofre también le recomendó llamar a Dulce, para que le pidiera amores, se casara y tuviera 8 chinitos dominicanos.

En la villa, Dulce y Werner se comían a besos en el jacuzzi, delante de todos las otras personas que estaban presentes, lo que fue un espectáculo horroroso para Lucio, quien salió llorando de la casa y se sentó solo en la acera, a beber para calmar sus penas.

Suena el celular de Dulce, pero ella no lo escucha porque lo tiene dentro de la cartera, que está en una de las habitaciones de arriba. El alcohol hace que Dulce alucine con desahogar sus deseos sexuales, los cuales se hacen mas fuertes cuando Werner la abraza y la agarra fuertemente por donde termina la espalda. Una de las amigas de Dulce, que estaba haciendo fechorías en la habitación donde estaba la cartera, le tiró el teléfono a Dulce en un sillón, cerca del jacuzzi y le dice que no a dejado de sonar. Dulce lo toma y ve cuatro llamadas perdidas, pero Werner se lo quita y le dice que le ponga atención porque se acercaba lo hora de terminar lo comenzado y quería toda su concentración. Dulce se molestó un poco pero él le da un beso acompañado de una nalgada y ella cae en sus encantos. Suena otra vez el celular y ella lo toma esta vez, era su madre, la china mayor, la había llamado cuatro veces y estaba preocupada por su hija, ella le dice que esta bien, sale del jacuzzi y dura ocho minutos mas hablando con ella.

Casandro llega a su casa emocionado, busca a su madre y le dice que pida dos jumbos al colmado, que esa noche se va a celebrar. Casandro se bebe con su madre la primera cervecita. Dulce cierra el teléfono. Casandro mira su reloj y ve que es todavía temprano. Dulce sale de jacuzzi con Werner y lo invita a subir a la habitación de las fechorías. Casandro recuerda que tiene que hacer algo pero no sabe qué es. Dulce se recuesta en la cama. Casandro toma su celular y comienza a ver su agenda porque sabe que tiene que hacer una llamada, pero no recuerda a quién es. Dulce se quita la parte de arriba de su traje de baño, deja ver sus encantos artificiales, Werner se emociona, mucho. Casandro pasa por la letra D, Dario, Dilia, Doris, Dulce, y recuerda entusiasmado que tiene que llamar a la china. Dulce se relaja y le dice a Werner que haga con ella lo que quiera. Casandro marca el teléfono. Dulce escucha su celular sonar, pero Werner lo toma otra vez y lo apaga. Casandro le deja un mensaje de voz. Dulce vuelve y lo prende y le dice a Werner que esta esperando una llamada importante de su madre.

Dulce se acuesta otra vez y cuando Werner comienza con los preliminares, escucha el tono de su teléfono de mensaje de voz. Dulce marca el correo de voz mientras Werner no se detiene e intenta quitarle la parte de abajo de su bikini. Ella escucha el mensaje de Casandro, que le dice que necesita verla, que lo tiene todo claro y es con ella que quiere estar. Dulce empuja fuertemente a Werner, quien cayo de espalda en el piso y bajó rápidamente a la primera planta, con los senos afuera, brincando de alegría y abrazando a todos menos a Lucio, que todavía estaba afuera. Dulce le devolvió la llamada a Casandro y le dijo que estaba en Romana, pero que mañana a primera hora se encontrarían donde fuera, que la llamara después de las 9:00. Casandro feliz, mandó a pedir una caja de cerveza al colmado de Figueroa, llamo a El Yofre, a Kike y a Rodrigo y le dijo a su madre que hiciera un cocinao de locrio con salami, porque por primera vez en mucho tiempo, tenía dinero y mujer, algo que lo llenaba de felicidad.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Casandro y los Espíritus Chocarreros de las Caobas

La felicidad, le estaba enseñando que en realidad no era feliz, porque si la china no estaba con él, no valía de nada estar vivo.

Los sábados ya no eran de tragos para compartir, eran de tragos para olvidar que su vida era un infierno que lo quemaba lento pero constante, como puerco en puya. Sabia lo que era correcto para ser feliz, pero no se atrevía a dar ese paso por miedo quizás. Por miedo a que Dulce lo rechazara, prefería soñar con la ilusión a vivir la realidad. Ella en realidad tampoco le buscaba el lado últimamente.

Entre tanta desesperación, Casandro acudió a un poco usual recurso, la bruja del barrio, la vieja Maruja, para que le leyera el futuro y ver cuales eran las posibilidades. Esta famosa señora era miembro activa y de las fundadoras del Club de Magia Negra y Brujería de Las Caobas-Emgombe y ex chofer de guagua de la ruta Km13 Duarte – Pintura.

Siéntate, le dijo Maruja a Casandro, ya te estaba esperando. Casandro pensó que eso seguro se lo decía a todos los clientes. Ella le dijo que desde hacia un tiempo, estaba sintiendo unas malas vibraciones en el sector, que todo apuntaba al gerente de la exitosa ferretería, que en los últimos tiempos se había ido al oscuro abismo negro. La bruja le pidió a Casandro un botón de su camisa, un mechón de su cabello y una foto de algún ser querido que tuviera en su cartera. Casandro le dio la de su madre.

Luego de un impresionante show de exhibicionismo de tabaco, fuego y palabras raras que salían de la boca de la bruja, ella le contó a Casandro sobre su vida con la única mujer que debía pertenecer a su corazón, Jhonaica. Casandro abrió los ojos sorprendido. Maruja describió a Jhonaica como un ángel blanco y bondadoso que él no supo tratar. Buscó una sucia taza de té, le dio una vuelta encima de la mesa y miró fijamente el fondo por unos segundos. Maruja le dijo a Casandro que si de verdad quería encontrar paz y felicidad, debía buscarla, pedirle perdón, comprarle flores, bombones, joyas, llevarla al restaurant más caro de la ciudad y pedirle amores, dejando atrás todas las otras mujeres que pudiera tener y manteniéndose fiel toda la vida.

Maruja seguía diciéndole, -si no estas dispuesto a esto, te cuidado con lo que pueda tener para ti el futuro, de seguro no te gustará, ella es tu felicidad y si no es por las buenas, el mal te guiará a ella-.

Maruja solo se centró en la relación de Casandro con Jhonaica, cuando él le hablaba de otras mujeres, como la china Dulce, la bruja caía otra vez en la pulidora de River Side, algo que lo tenía chivo. Luego de una hora de sesión con Maruja, Casandro decidió irse, dándole las gracias a la bruja, pero le dijo que no pondrá en practica su consejo, ya que Jhonaica era un camino por el cual no quería volver a pasar. Maruja le dijo que se iba a arrepentir de su decisión y que los espíritus chocarreros no lo iba dejar en paz hasta que no volviera con Jhonaica.

Casandro llegó a su casa, donde lo esperaba su madre, diciéndole toda clase de malas palabras, por ir a visitar a Maruja, la mujer que le robó dos novios cuando eran jóvenes. Todo el barrio sabía cuando alguien iba a visitar a la vieja. En ese instante, se oyó algo en el patio, un sonido de latas cayendo en el suelo, como si la hubiera tirado el vecino, a lo que Casandro y su madre acudieron a ver. El patio estaba lleno de plumas blancas de gallina y una nota que decía “Recuerda el consejo de Maruja, te estaremos asechando, atentamente los Espíritus Chocarreros”.

Casandro se puso frío y exclamó ¡Es verdad, Maruja tenía razón!. Su madre agarró la nota y la rompió, acto seguido de más boches y reproches. Le dijo que la bruja no era más que una estafadora y que sea la última vez que el fuera por ahí. Le dio una escoba a Casandro y le dijo que recogiera todo el reguero que por su culpa ahora tenían en el patio. Casandro que sintió miedo, terminó de recoger y limpiar y se fue de su casa al centro de Internet del barrio. Buscó toda la información concerniente a los espíritus chocarreros, pero lo único que pudo encontrar que le llamara la atención fue un capitulo del Chavo del 8 en youtube donde supuestamente aparecían los espíritus chocarreros.

El encargado del centro de Internet, al ver las búsquedas de Casandro, le invitó un refresco y le dijo que el podía ayudarlo con el tema de su búsqueda. Le contó la historia de Armando el herrero del barrio, quien tuvo un romance muy breve pero turbio con una mexicana, a la cual casi estranguló cuando la encontró con otro hombre, pero que fue salvada por unos espíritus chocarreros importados desde Tijuana que la cuidaban de todo mal. El encargado le dijo que los espíritus nunca abandonaron el barrio cuando la mexicana se fue y que rondan por la casa de la bruja Maruja con la cual tienen un trato. A Casandro se le puso la piel de gallina, pero no le contó nada al encargado de lo que le había sucedido. Casandro se fue a su casa a meditar sobre lo que debía hacer, tenía muy claro dos cosas, no quería tener mas visitas de los espíritus chocarreros, pero tampoco quería a Jhonaica cerca de su vida.

El siguiente día iba a ser un poco extraño. A primera hora, Casandro recibió una agradable llamada, era de El Yofre, que le dijo que lo habían soltado gracias a los contactos de Tomás Nicolás y que iba directo para el barrio. Pero la felicidad a Casandro le duró poco. Cuando se acercaba a la ferretería, vió una multitud que estaba frente a ella, pero recordó que era martes de brochas y pintura, una promoción inventada por él para motivar las ventas. El problema es que nunca iba tanta gente, muchos menos tan temprano. Cuando pudo llegar al frente, vió en la fachada un mensaje bien grande que decía “Los espíritus chocarreros estuvieron aquí, te estamos observando Casandro”, hecho con pintura roja. Casandro otra vez se puso frío, ya sus problemas eran de conocimiento del barrio. Ahora el pánico también se apoderaba de sus empleados y de los vecinos del local.

A las 12:30 pm, cuando Casandro salía a almorzar, sonó su celular, número desconocido decía el identificador de llamada. Cuando este lo tomó, una voz de ultratumba le dijo –Llama a Jhonaica, te estamos observando mis hermanos chocarreros y yo- seguido de una risa malévola. Casandro no fue a comer, salió directo para donde Maruja, pero su madre que lo vigilaba constantemente, lo detuvo una esquina antes de llegar donde la bruja. Su madre le dijo que todo era un montaje de Maruja y que estaban jugando con su mente. Casandro, como buen hijo, le hizo caso y juntos fueron a comer pica-pollo.

Su madre, siempre buena consejera y preocupada por su único hijo, le dijo que llamara a la china, que era en realidad la persona que iba a traerle alivio a su corazón y era la única que podía mudarlos a los dos a un sector más decente.

Casandro no dudó ni un segundo del consejo de su madre, cuando llegó a la ferretería se encontró con su hermano El Yofre a quien abrazó y con quien se fue a la oficina a celebrar el regreso del patrón. El Yofre, le dijo que volvía a recuperar lo que había perdido y que lo iba a nombrar como asistente del gerente, algo que no le cayó muy bien a Casandro.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Casandro y la Recuperación del Poder Perdido

Casandro canceló la línea de teléfono que tenía para su celular por orden de Felucia y sacó una nueva, donde solamente tenían su nuevo numero ella, El Yofre y su mamá, una llamada de cualquier otra persona iba a ser motivo para más guerras entre Felucia y Casandro. El no estaba de ánimos para más pleitos. Así pasaron 4 semanas, sin saber nada de Dulce, mucho menos de Kike o Rodrigo, que le habían sacado los pies a Casandro definitivamente o más bien habían tomado su rumbo.

En la ferretería había un ambiente de tensión, Felucia y Don Cucuso controlaban todo, él en la mañana, y Felucia en la tarde cuando salía de la escuela. Se le habían montado encima al pobre Casandro. Don Cucuso, en represalia por lo de las supuestas “andanzas” de Casandro con otras mujeres, ya venía haciéndole la vida imposible a Casandro y a menudo permitía que clientes se fueran a otro lugar o le vendía cosas por la izquierda, para él ganarse sus chelitos. Su único objetivo era desalentar a Casandro, para que abandonara el puesto, un cargo que solo lo tenía de nombre. Casandro se daba cuenta de todo, pero no podía hacer nada, no ahora con Felucia gobernando su palacio. Casandro veía como otra vez la vida se le iba de las manos, justo cuando creía tener el control de la situación, siempre pasaba algo raro. Casando hablaba con El Yofre, pero este solo le pedía que tuviera paciencia y que tratara de enderezar las cosas por su propia cuenta, porque desde la cárcel no podía hacer nada.

En su casa, tampoco estaban las cosas del todo bien, la madre de Casandro, todavía le reprochaba por las cosas pasadas y también estaba dolida porque él no había llevado a Felucia a la casa para conocer a su yerna.

Casandro no quería llegar ningún día a la ferretería, las cosas estaban peor desde su óptica, los empleados le habían perdido el respeto y lo veían como uno más del negocio, además ahora recibía ordenes de Don Cucuso, quien lo humillaba en frente de los demás. Todo esto hasta un día. El punto de ebullición llegó en el momento que Don Cucuso le dijo a Casandro que gracias a Felucia y sus debilidades como hombre, en esa ferretería mandaba él, que hacía mucho tiempo estaba esperando esa oportunidad. Lo insultó diciéndole que él había sido el jefe más “mamita” que había pasado por ahí, inteligente pero sin cojones. Le dijo que desde que el patrón El Yofre fue encarcelado, había planeado como quedarse con todo y por suerte ya era una realidad.

Casandro, que todavía tenia un poco de orgullo y dignidad (en realidad el jefe seguía siendo él, aunque mano floja) levantó a Don Cucuso del escritorio y le dijo con tono agitado y de furia ¡Don Cucuso, es la ultima vez que usted se expresa así de mí, de ahora en adelante conocerá el verdadero Casandro, usted está botado y eso es así porque lo he dicho!

Don Cucuso sorprendido y nervioso, le dijo que no podía hacer eso, porque allá mandaba su hija, a lo que Casandro le respondió ¡Ella también está botada, tanto como novia, como wanabe de gerente! Recoja sus cosas y bye bye, arrivederci, sayonara, adieu, au revoir y por si no entiende adios, vayase pal carajo, usted, su hija, sus nietos, bisnietos, el perro de su casa y hasta la loca de su mujer.

Lágrimas, esa era la expresión mojada del alma de Don Cucuso.

Catorce años en esa ferretería, desde que la fundó su primer dueño, sobreviviendo a los huracanes George e Hipólito, pasando por la compra de El Yofre a la gerencia de Casandro, catorce años tenía Don Cucuso, esperando la oportunidad que solo brevemente llegó, de ser el que más mea, el jefe de los jefes, el supremo ser de los mandamientos ferreteros de Las Caobas. En un abrir y cerrar de ojos, todo se esfumó. Don Cucuso estaba desempleado, libre para hacer lo que quisiera, menos pisar esa ferretería.

Se fue a su casa cabizbajo, sin ilusiones y lleno de tristeza, con la mirada tierna, con el hocico partido y el rabo entre las piernas.

Cuando Felucia se enteró de esto le cayó como una bomba, Hiroshima le quedaba chiquito. Llamó a Casandro y le dijo que se iba a arrepentir, a lo que este le dijo -mire niñata váyase a atender al viejo de su padre, que muy cagado debe de estar y a mi no me llame más, ¡carechimba!-. Y le cerró el teléfono.

En realidad a Casandro le costó mucho romper con Felucia, ya le había tomado cariño a la enana esa, pero el espectáculo debe continuar. En cuanto a la ferretería, ese era un problema mayor, tenía que levantarla, resucitarla de las cenizas que la habían dejado Don Cucuso y Felucia, quienes en solo un mes, hicieron de esta de la mejor y más respetada, a un lugar donde hasta preservativos y películas XXX pirateadas vendían. Definitivamente había perdido la credibilidad de negocio serio en el barrio.

En un país donde la mejor publicidad es el boca a boca, ni los narcodólares de El Yofre eran suficientes para atraer nuevamente a los clientes al perdidos.

Felucia le mandaba todos los días a Casandro un morenomático a la hora del cierre de la ferretería, quien solo se le acercaba y le decía, -mira chamaco, lo que le hiciste a Felucia la vas a pagar, te voy a eplotá a patá y trompá-, pero nunca le ponía ni un dedo encima, era más bien una presión psicológica. Entre Felucia, el morenomático, la debacle de la ferretería, el abandono de sus amigos y los boches de su madre, Casandro se estaba poniendo como loco.

Casandro no podía dormir, ningún día era feliz. Los problemas se multiplicaban más, la ferretería iba de mal a peor debido al poco tiempo que le dedicaba. Se sentía desesperado otra vez. Quería ser feliz, pero siempre sucedía algo que le arrebataba su sonrisa. Eso sí, ya tenía otra vez el poder del negocio y a Jhonaica y Felucia fuera de circulación. Ahora todo apuntaba a que debía de arreglar las cosas con la china y a reencontrar la felicidad.

lunes, 13 de julio de 2009

Casandro y el carácter de Felucia

Casandro mandó a su encargado de seguridad a sacar de la ferretería a Jhonaica, pero ella amenazó a Casandro diciéndole que si la sacaban de la ferretería iba a echar al niño en una caja con clavos. Casandro, que no tenía ni echas ni sospechas, le dijo que lo echara, que ese no era su problema. Fue cuando entró a la ferretería una mujer y le arrebató el niño rápidamente a Jhonaica. Esta mujer le dijo que para eso no fue que ella le había alquilado el niño por una hora y que la iba a llevar a la policía por intento de agresión a un menor.

El encargado de seguridad de la ferretería (que es el mismo que atiende en el mostrador en el turno de la mañana y chofer de Casandro) tomó a Jhonaica de un brazo y junto con la madre del niño, la llevaron al destacamento de la policía de Herrera, donde le pusieron la querella y la detuvieron hasta esclarecer el caso.

En la ferretería, Casandro explicaba todo lo sucedido a Don Cucuso y a Felucia (la hija de Cucuso actual novia de Casandro), pero el don le dijo a Casandro que mejor hablaban mañana, que tratarían de olvidar lo sucedido y que no los molestara. Ya habían pasado un mal rato como para seguir hablando de lo mismo.

Casandro se fue a pie a su casa, bajo la oscura noche y una soledad que no era típica del sector por donde deambulaba. Lo llamó su chofer y jefe de seguridad de la ferretería, que salía del destacamento, para llevarlo a su casa, pero el le dijo que prefería caminar, su chofer insistió y Casandro le gritó, mandándolo al carajo y trancándole la llamada. Otra vez sonó el celular y Casandro tomó la llamada con una furia estremecedora, gritando ¡Que no me llames más, que me dejes solo! Y otra vez cerró. Unos minutos más tarde, llegó al colmado de Figueroa y se bebió una botella de VAT 69 a la roca, él solo, mientras hablaba con los tigueres y les contaba las ocurrencias de Jhonaica.

Luego de una fructífera noche donde el alcohol se llevó todos los créditos, entre Figueroa y su ayudante, lo llevaron a su casa, cargándolo como podían, tocaron la puerta y se lo enseñaron a su madre todo borracho y sin fuerzas para estar de pie, ella le señaló a Figueroa un rincón de la casa, cerca de la puerta del patio y le dijo que lo depositaran allí, donde durmió sin moverse ni quejarse en ningún momento. Al día siguiente, Casandro se levantó hecho un guiñapo de despojos. Se dirigió a su habitación donde echó otro sueñito, con mas confort. Su madre que había salido a caminar con unas doñas del barrio, llegó y lo levantó de una manera no muy afectuosa. Le dijo vago, bueno para nada, borracho y desperdiciador de las cosas buenas que le manda Dios. Casandro le dijo cortésmente a su madre que se callara, le dio un cariñoso besito y se dirigió a la cocina, donde se bebió una cerveza para la resaca. En unos minutos estaba bañado y cambiado, listo para los quehaceres del día en la ferretería.

Eran las 10 de la mañana y todos en el negocio estaban preocupados por Casandro, no era costumbre suya llegar tarde. Don Cucuso, preocupado y con sentimiento de culpa, salió a buscarlo por los alrededores. Casandro llegó pero no saludó a nadie, se dio cuenta que Don Cucuso no estaba presente, pero no preguntó por él. Se fue a su oficina y encendió su ordenador personal. En la bandeja de entrada de su correo electrónico tenía entre otras cosas, 3 mensajes de Felucia y uno de la china Dulce. Sin pensarlo dos veces, rápidamente abrió el de la china Dulce, el cual decía lo siguiente:

- Casandro, siento mucho molestarte tanto, no quería causarte ningún daño, solo quería que nos viéramos, pero tal como me dijiste hace un momento no te llamaré más, sé que no quieres estar conmigo, hace mucho que no nos vemos y los sentimientos no son los mismos.

Lo de mi boda resultó todo un fracaso, mi ex me estaba utilizando para darle celos a su pareja, todo era un teatro. Al final si se casó, pero no conmigo. En el ultimo momento fue que me di cuenta que era homosexual y su padrastro no era más que su verdadero novio. Ahora entiendo esos besitos raros de despedidas cuando nos íbamos de algún sitio. Por eso me fui del país, me sentí humillada y confundida.

Estando sola, me di cuenta que la única persona que conozco, que vale la pena para mi corazón eres tú, pero desafortunadamente llegué muy tarde y ya no piensas en mi.

Gracias por darme fuerzas para valorar la vida, nunca me olvidaré de ti.

Dulce. -

Casandro no entendía bien lo que estaba leyendo, ¿de qué la china le estaba hablando? Fue cuando recordó la llamada y tomó su celular. Él no se había percatado que quien llamaba no era su chofer la segunda vez, era la china Dulce. En seguida le marcó a Dulce a su celular, pero salía la contestadota. Marcó 14 veces en 2 minutos, pero no la conseguía. Casandro puso su teléfono encima del escritorio y comenzó a dar vueltas en la oficina. Fue cuando entró una llamada y otra vez lo tomó sin percatarse de quien era.

-Mi amor, perdóname por lo de ayer- decía Casandro. – Fue un error, una confusión, no debió pasar, hoy mismo te quiero ver, para ser felices una vez más. La muchacha contestó – De que amor del diablo me estas hablando, me cansé de llamarte anoche y no tomaste la llamada, te mandé 3 correos y no devolviste ni uno, aparte de montarme un show con una barrial supuestamente que era tu esposa, te desapareces y ahora quieres venir como que no ha pasado nada, no Casandro, usted va a aprender quien es Felucia Cubilete -. Casandro no dijo nada, fue cuando Felucia estalló, le dijo que no se moviera de ahí, que iba inmediatamente para allá.

Casandro volvió a poner el celular en el escritorio, salió de su oficina y se dirigió al mostrador, con la esperanza de que Felucia no le armara un show delante de sus empleados. Estando con sus empleados en el mostrador, se dio cuenta una vez más que Don Cucuso no había llegado. Esto molestó tanto a Casandro, que dispuso una orden para que le descontaran medio día de su sueldo. Coincidencialmente padre e hija llegaron al mismo tiempo a la ferretería, pero con sentimientos inversos. Cuando Cucuso vio a Casandro, se le iluminaron los ojos, se sonrió con todos los dientes afueras, fue a darle un fuerte abrazo y a decirle que no lo volviera a asustar así. Mientras que Felucia esperaba que se separaran, su cara era todo lo contrario, cachos salían de su cabeza y fuego de su nariz, justo cuando se distanciaban de ese abrazo paternal, Felucia le dio un correazo a Casandro en un brazo, y él le tiró una grapadora, desatando otro pleito, entre padre, hija y patrón.

Casandro le dijo a Cucuso que se tomara el día, que no quería verlo allá e invitó a Felucia a pasar a la oficina para resolver las cosas en privado. Cucuso se fue refunfuñando y voceando mil malas palabras. Cuando entraban en la oficina, sonó el teléfono de Casandro, que estaba encima del escritorio, pero Felucia lo tomó. Llamaba la china Dulce, que con dulce voz, preguntó por Casandro. Felucia le dijo que estaba ocupado y preguntó que quien llamaba, contestándole cortésmente la china. Cuando Dulce preguntó lo mismo, Felucia le dijo que hablaba la mujer de Casandro, Felucia Cubilete, la dura de Herrera y que en ese momento iban a resolver un problema de pareja, que llamara más tarde.

En ese momento tocaron la puerta, el chofer de Casandro fue a decirle que habían mandado a Jhonaica a la cárcel de Najayo, acusada de robo y agresión a un menor. La madre que le alquiló al niño cambió la versión a ver si podía sacarle más dinero a Jhonaica, pero lo que hizo fue empeorar la situación. Casandro le dio las gracias al chofer por la información y le dijo que más tarde hablaban con mas detalles.

Felucia impaciente por comenzar la pelea, le reprochó a Casandro todo lo que había pasado en menos de 18 horas, primero la loca del bebé, ahora una tal china Dulce (que según Felucia no sirve ni para hacer un morir soñando) y lo peor, la desaparecida de la noche anterior, seguramente rondando en algún puticlub para satisfacer sus necesidades. Felucia le dijo a Casandro que se vaya buscando otro numero de teléfono, porque ese ya era de ella, que iba a monitorear todas las llamadas y que de ella no se iba a librar, que ella es una mujer que donde pone el ojo pone la bala. Casandro en ese momento no entendía bien que le quería decir Felucia y con cara de confusión le dijo ¿¡Qué!?. Fue cuando ella le dijo: - ¡Más claro no te lo diré, tu eres mío y de nadie más, la mujer que se atreva a mirarte o a buscarte la mato!

Casandro le dijo que no tenía que matar a nadie y que Dulce era una suplidora de artículos de plomería, que importaban desde China.

lunes, 15 de junio de 2009

Casandro y el fin del manifiesto desastre

Casandro fue a visitar al Yofre a la cárcel, lo revisaron y manosearon hasta la incomodidad en la puerta de entrada. Hasta le pidieron que se desvistiera, a lo que se negó al punto de armar un lío que casi no lo dejan entrar al recinto penitenciario. Sorprendido quedó al ver todas las comodidades que tenía su amigo en la celda, televisión plasma, blu-ray, parábola, blackberry, lavadora, secadora, estufa, eléctrica, nevera ejecutiva, un porta botellón doble, inodoro con sensor de descarga, alfombra roja para recibir a los invitados y un calendario de Fefita la Grande autografiado. Yofre lo recibió con un fuerte abrazo e inmediatamente le contó cómo fue que sucedió todo lo concerniente a su apresamiento, una oscura y calurosa noche cuando lo traicionó su contacto en la Marina de Guerra. Le dijo que no le tuviera odio a Tomás Nicolás por no estar preso con él, porque ya él estaban haciendo unos “tramites” para poder sacarlo. Casandro le dijo que contara con él para todo y en todo momento, que los verdaderos amigos están en las buenas y en las malas.

Casandro le comentaba a El Yofre de unos planes que tenia para el futuro inmediato. El primero y más importante era el de recuperar a la china Dulce, a lo que el Yofre le dijo que no podía conquistar a nadie si no tenía dinero, ni trabajo, pero que no se preocupara, que le iba a buscar algo en la Ferretería Mi Tierra, que tenía en el sector de El Olimpo de Herrera, gracias al fruto de su arduo trabajo. Luego de 2 llamadas telefónicas El Yofre le dijo a Casandro que se presentara a las 8:00am en la ferretería y preguntara por Don Cucuso, que lo iba a recibir. Casandro le dio las gracias. Con esto le había resuelto un gran problema, que era su plan numero 2, poner un negocio de quipes ambulante, que recorriera el barrio con una bocina similar a la de los plataneros.

Hablaron de todo un poco, de la boda de la china, de su viaje a Puerto Plata, de Edeliz y Margarita Bohemia y de la renovada Yanilca. Recordaron los viejos tiempos de andanzas y bacilones y de las mujeres que los pulian.

Luego de una amena visita, justo antes de Casandro irse, El Yofre le dió un teléfono celular de la flota de la cárcel de Najayo, pagada por la dirección de prisiones, para que siempre estuvieran comunicados. Le dijo también que lo llamara después de visitar a Don Cucuso, a ver cómo le había ido. Casandro nuevamente muy agradecido se despidió y se retiró de la cárcel. El Yofre le ofreció llevarlo con su chofer en una de sus yipetas a lo que Casandro no se negó. Así llegó a Las Caobas, donde le pidió al chofer que lo dejara en el colmado, pero no sin antes prender una sirena de la policía para asustar a los tigueres del barrio.

Luego e un par de frías se fue a su casa para prepararse para la entrevista de la mañana. Sacó su traje para desempolvarlo y lustró sus mocasines negros. Leyó un par de folletos de cómo comportarse en una entrevista laboral y un panfleto de etiqueta y protocolo. Decidió acostarse a las 9:00pm para poder levantarse temprano con todos los ánimos y así sorprender a Don Cucuso y quedarse con el trabajo. Antes de dormir, su madre le preparó unos espaguetis en salsa blanca y un pudín de ciruelas y chocolate.

En mitad de la noche, Casandro sintió una extraña sensación dentro de su ser, entendía que eran los nervios de la entrevista, pero el mal olor que salía de sus sábanas lo delataba. Resolvió sus problemas en el baño del pasillo, pero no sin antes dejar inundada toda la casa. Su madre salió azorada con un pote de “mistolín” lo que hizo empeorar la situación con la mezcla de aromas. La madre de Casandro lo obligó a dormir en el patio para que se “airara” la casa. Casandro fue un total de 5 veces en la noche al inodoro y otras 2 en el patio, ya que no le daba tiempo de entrar a la casa.

Como casi no durmió, a las 6.30 estaba listo, bañado, cambiado y deshidratado, por lo que decidió parase en el colmado, a beberse un jugo de naranja y a comerse un biscochito de piña. Como la ferretería no era lejos de su casa, se quedó un rato cherchando con los viejos del colmado y haciendo hora. Fue cuando el biscocho de piña le declaró la guerra a los espaguetis en la barriga de Casandro.

Figueroa, el colmadero, le dijo que lo único que podía ofrecerle era la parte de atrás del colmado, donde tenían un baño improvisado, o sea, aplastarse en la batea. Mientras estaba en la batea, como a eso de las 7:35am, recibió una extraña y sorpresiva llamada, la cual no pudo tomar al no poder sacarse el teléfono de los bolsillos. Cuando terminó Casandro, sudado y con cañera de hacer equilibrio, vió la llamada perdida de Jhonaica.

Casandro hizo caso omiso a la llamada, cuando terminó, cogió un periodico viejo que estaba tirado en el suelo y se limpió, echó con cautela los desechos sólidos en el patio del vecino de al lado del colmado, lavó la batea y sus manos en el lavadero y se dirigió a la ferretería. Cuando llegó, tuvo que esperar media hora hasta que abrieran. Mientras esperaba, sudaba frío, y otro trueno atravesó su estomago, pero apretó bien y se aguantó. Cuando llegó el primer empleado de la ferretería encontró a Casandro abrazado de un poste de luz con cara de desesperación. Más atrás, llegaba Don Cucuso, quien, sin perder tiempo se dirigió donde Casandro y le preguntó si era él la persona que había enviado El Yofre. Casandro le dijo que si y en seguida Don Cucuso lo hizo pasar a la ferretería, a la oficina del fondo, muy flamante, con todos los lujos, no exactamente el tipo de oficina que tendría una ferretería de ese sector. Casandro le entregó su currículo a Casandro, pero este dijo que no hacía falta y lo tiró al zafacón. Don Cucuso en seguida llamó a todos los empleados y les presentó a Casandro como el nuevo administrador de la ferretería, enviado especialmente por el excelentísimo señor don El Yofre. Don Cucuso era la persona que El Yofre había dejado a cargo del negocio hasta encontrar a alguien capacitado. La primera orden de Casandro fue que lo dejaran solo y así pudo entrar al baño privado de la gerencia general. ¡Que alivio!

Casandro llamó a El Yofre desde su flota de la cárcel y le preguntó que si era una cámara oculta o alguna broma que le estaba jugando, pero El Yofre le dijo que no, que necesitaba a alguien de confianza al frente de ese negocio.

Casandro le devolvió la llamada a Jhonaica, lleno de orgullo y satisfacción por su nuevo empleo, con aire de magnate y de indiferencia hacia Jhonaica. Ella trataba de convencerlo para que se pudieran ver, pero él, no siendo tonto, recordaba que la había dejado botada en Boca Chica y que ella lo único que quería era un poco de venganza.

Así pasaron varios días, entre administrar la ferretería, acostumbrarse a la buena vida del dinero y las llamadas continuas de Jhonaica. Cada vez que Casandro le decía que no, ella se emperraba más por verlo y pasaba de venganza a obsesión. Su maquiavélica mente planeaba sin cesar cual sería su próximo paso, pero nada le cuadraba. En cuestión de días, Casandro le tomó el piso a la venta de artículos ferreteros y el negocio iba en ascenso. Por fin sentía que las cosas iban cambiando, comenzó a salir con la hija de Don Cucuso y era supuestamente feliz, pero no olvidaba a la china Dulce. En ocasiones le mandaba correos electrónicos pero ella no le devolvía, la llamaba al celular pero ella no lo tomaba. Un día cualquiera, ella le devolvió un mail diciéndole que estaba en el extranjero, que cuando regresara lo quería ver, pero que no fuera haciéndose ninguna idea extraña en su cabeza.

Ese mismo día, casi a la hora de cerrar la ferretería, Jhonaica, que consiguió la dirección del lugar donde laboraba Casandro, se apareció sorpresivamente, cuando Casandro atendía a un importante cliente en el mostrador. Estaban presentes Don Cucuso y su hija, que había llegado a buscar a su padre.

Fue en ese momento que llegó Jhonaica, con un niño en sus brazos, reprochándole a Casandro de que no quería reconocer a su hijo ni aceptar su matrimonio. Casandro se quedó sin palabras, con la boca abierta y la hija de Don Cucuso rompió en lagrimas al no creer lo que estaba sucediendo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Casandro y las Funestas Noticias de su Circulo Social

Un día nuevo, nuevas esperanzas. Casandro aprendió la lección de estar con mujeres de la calle, no le había ido bien. Aprendió también que el amor llega solo, que no hay que forzarlo ni rebuscarlo, pero lo más importante para él, entendió que el amor en su vida se llamaba Dulce, la china de ojitos bonitos que llenaba por completo su corazón.

Luego de estar ausente por unas semanas, sin comunicación con sus amigos, quiso ponerse al día y saber los últimos chismes de las Caobas. Tomó su celular, el cual había dejado cargando desde el día anterior, reportó su tarjeta de debito robada, de la cual le retiraron RD$ 4,300 pesos y llamó a Rodrigo, para contarle de su experiencia, pero este no podía atenderle porque estaba en una reunión en el trabajo. Fue cuando Casandro recordó que él también tenía un trabajo.

Cuando llamó para decir que iba a llegar más tarde, la recepcionista le dijo que no se preocupara, que lo habían cancelado por abandono de trabajo y no le iban a dar liquidación, también le dijo que todas sus pertenencias se la habían dado al guachimán, por lo que no tenía nada que buscar allá.

Sin nada que hacer, Casandro se dirigió al colmado de la esquina, donde Figueroa, el pulpero, que lo había visto crecer y quería a Casandro como a un sobrino. Llegó y se sentó a lado de los vagos que juegan dominó desde las 9 de la mañana y beben romo todo el día. Todos lo recibieron con abrazos de bienvenida y le invitaron un trago, a lo cual Casandro se negó, no podía beber desde tan temprano, él era un hombre desintoxicado alcoholisticamente. Entre chismes y cuentos le dijeron fue que a Yanilca le habían puesto todos sus dientes, pero que todavía no quería saber de él. Fue un proceso difícil para ella y no pudo pagar todas las piezas dentales, por lo que tuvieron que ponerle un diente de oro de una tía y al lado de ese uno de plata que había en la clínica de salud dental, de un cliente que ya no lo iba a usar más. Ahora le decían en el barrio la Olimpiada, Oro, Plata y Bronce, que era el color de su pelo.

También le contaron que la policía había matado a uno de los principales organizadores de huelgas del barrio y que en Las Caobas hubo 3 días de fiestas, noticia que no fue del agrado de Casandro, pues el “tiguere” que mataron era el que le conectaba la luz cuando se la cortaban. Cuando preguntó por el Yofre, todos se quedaron callados, cambiaron el tema y hasta subieron el radio. Casandro volvió a preguntar, pero al ver que nadie le decía nada y lo ignoraban, salió desesperado a la casa de El Yofre, la cual encontró abandonada. Lo llamó a su celular y salía el buzón de voz. Llamó a Rodrigo otra vez y le preguntó por El Yofre, Rodrigo le dijo que mejor se veían en persona en el parquecito después de las 6 y que le iba a decir a Kike que fuera también, pero que no lo volviera a llamar porque la reunión era muy importante. Eran las 11 de la mañana y Casandro ahora tenía que esperar hasta las 6 para saber de su mejor amigo, su pana de long time, el cachú de su sándwich. Ellos eran como Shrek y burro, como Nemo y Doris, simplemente inseparables. Lo primero que le vino a la cabeza fue que lo mató también la policía en las cuestiones de ajustes de cuentas de las huelgas y se dirigió al Cementerio de Pantoja, donde estaba enterrada parte de la familia de El Yofre.

Al llegar al cementerio no encontró nada nuevo en el nicho, lo cual fue de alivio para Casandro. Fue cuando quiso creer que nada malo le podía haber sucedido al súper Yofre. Más tranquilo, Casandro decidió retomar su rumbo de galán conquistador. Al llegar a su casa, le mandó un e-mail a la china Dulce, solo para saber cómo estaba y diciéndole que la quería ver. A los 5 minutos Dulce le respondió y le dijo que estaba muy feliz, que su vida era diferente ahora, que estaba organizando todo lo concerniente a su boda.

¡¿A su boda?! ¿Cuál bendita boda? Gritó desesperadamente Casandro, saltando de la silla y queriéndose arrancar todos los cabellos.

Al ver la rapidez con la que la china contestó el e-mail, Casandro se conectó en el Chat y encontró a Dulce en él. Aprovechó para nuevamente saludarla y pedirle todos los detalles de su matrimonio, pero ella la contestó que con lo que le había dicho era suficiente, que él ya había tenido su oportunidad y la había perdido, por mentiroso y por estar casado.

Le dijo también que él era una persona con muchos valores y muy divertida, pero que eso no era suficiente para mantener una relación duradera, una relación con valores y con futuro. Por ultimo le dijo que la rapidez de su matrimonio era que su ex-novio, le propuso románticamente que volvieran y que tuvieran una vida juntos, a lo cual ella, que lo quería mucho, no se iba a resistir. Casandro se sintió derrotado, pero algo en su interior le decía que luchara por lo que él de verdad quería y decidió probarle a la china Dulce que ella no tenía razón. Dulce se despidió de él con un Hasta Nunca. Casandro buscó su mascota, arrancó una hoja y escribió en grande “Dulce = Amor” y lo pegó al frente de su cama, para cada vez que se levantara, fuera con el reto de reconquistar su amor perdido.

Llegó la hora de juntarse con Rodrigo en el parque, Kike no había llegado, pero esto no impidió que comenzara la conversación. Rodrigo le explicaba a Casandro que mientras el se había ido a Puerto Plata las cosas habían cambiado de una manera drástica. Le dijo que lo de El Yofre afectó mucho al barrio y en especial a él y a Kike, ya que fue un golpe inesperado. Casandro, ansioso, le dijo a Rodrigo que hablara rápido, que ya quería saber que había pasado con su amigo. Rodrigo le dijo que El Yofre desde hacía unos meses, estaba viajando mucho al sur con Tomás Nicolás, trabajando en la lancha de su padre los fines de semana. Se le veía ahora convertido en todo un cadenú, siempre con lentes oscuros y con un saco color azul Marlin de la Florida.

Rodrigo cuenta que supuestamente El Yofre andaba en unos negocios turbios que tenían Tomás Nicolás y su padre. En un fallido intento, fueron detenidos Tomás y El Yofre, con la lancha repleta de una sustancia blanca que ellos declararon como detergente en polvo, pero Tomás había quedado en libertad gracias a las relaciones con las altas esferas de su padre. En cambio a El Yofre le cantaron 15 años en Najayo. Este si fue el golpe más duro que recibió Casandro en su regreso a Las Caobas, lloró como un niño, esto era peor que la boda de Dulce. En ese momento llega al lugar Kike, acompañado de una joven, cuando Casandro pudo divisar con sus ojos llorosos quien era la joven, no quería creerlo. Kike venía muy agarrado de manos de Yanilca, quien era ahora su novia. Tenían 2 meses mudados en una habitación de una tía de él y preparando su casamiento. Yanilca le dijo a Casandro que lo había perdonado y que no le guardaba rencor, hasta le pidió que fuera el testigo de su boda. Casandro entendió que ese (como muchas veces) no era su día de suerte. Dos bodas de sus mejores prospectas y su mejor amigo preso, ¿que más podía pasar?

Rodrigo abrazó a Casandro y le dijo que él se iba a estudiar a Chile, con una beca que consiguió gracias al Sr. Piña Frías, cónsul de Chile en R.D. Ahora si era verdad que Casandro se sentía solo, hasta pensó volver a Cabarete a buscar a Margarita Bohemia y hacerle los niños que ella quería.